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Pasó lo que suponíamos

En esta semana se originaron dos noticias que para muchos no causan sorpresa pero si desencanto, ira y deseos de emprender de una vez por todas acciones que enmienden este estado de impunidad rampante que se entronizó en Colombia cuando la justicia se convirtió en mercancía negociable, que se usa para fines de todo tipo menos el que define su nombre: JUSTICIA.

Desde los inicios de las conversaciones con el terrorismo en Cuba, país que los ha apoyado desde siempre, muchos colombianos advirtieron sobre la futilidad de esas charlas puesto que entendían que el objetivo de estos delincuentes no ha sido la paz, sino encontrar una forma para jubilar a los viejos y cansados dirigentes de ese gran cartel del terrorismo y el narcotráfico.

Ahora vemos que esas advertencias no estaban erradas; fueron confirmadas con los anuncios de los fugitivos de una retoma de las armas para continuar con su lucha armada en contra del pueblo colombiano y, lo que premiaron con un Nobel previo pago, desapareció del panorama como por encanto y esa paz que tanto cacareó el premiado espurio, resultó en flor de un día lleno de euforia fingida y propósitos de año nuevo que casi nunca se concretan.

El sentir general del pueblo ante este esperpento se manifestó en octubre de 2016 cuando, en un plebiscito convocado con todas las gabelas para obtener una refrendación de los acuerdos de impunidad, el pueblo los rechazó por mayoría y ante ese revés el espurio gobernante se inventó una forma de torcer el cuello del cisne y consiguió que un congreso y unas cortes corruptas y vendidas, validaran lo invalidable puesto que la voluntad popular manifestó otra cosa. El daño a la democracia en Colombia no se ha cuantificado en su totalidad pero lo que sí es seguro es que la desconfianza en las instituciones se ha incrementado en proporciones geométricas y la credibilidad está por el suelo.

En Colombia vivimos en un estado de terror e incertidumbre propiciado por los violentos, los narcotraficantes, algunos congresistas y partidos o movimientos minoritarios, los jueces y magistrados, diversos carteles delictivos y en ocasiones por representantes de la fuerza pública que olvidan sus deberes de protección a la ciudadanía.

A esto se suma otro factor originado en la agresividad de unas minorías demandantes, prepotentes y violentas representadas en comunidades organizadas para conseguir por la fuerza y el escándalo lo que no han sido capaces de lograr con argumentos convincentes y lógicos. El lenguaje inclusivo fue uno de los primeros síntomas de que algo se estaba tramando, posteriormente vinieron las banderas del arco iris, a renglón seguido aparecieron los fundamentalistas de la ecología y muchas otras minorías que se han sumado a estos movimientos orientados, supuestamente, a recuperar unos derechos que nunca han perdido.

Apareció dentro de los paradigmas la expresión de lo políticamente correcto que nos impide llamar a las cosas por su nombre y nos lleva a utilizar eufemismos extensos y ambiguos para describir las inclinaciones, el color de piel, el género o cualquier rasgo en el comportamiento de un individuo. Ejemplo: A los narcoterroristas que están en el congreso no se les puede decir lo que han sido y ahora hay que referirse a ellos como Honorables.

En conclusión la paz del espurio resultó en lo que tenía que ser: un canto de campanas que duró lo que dura una golosina en la puerta de una escuela y el terror en el que vivimos los colombianos se incrementará día a día, mientras no tomemos los correctivos que enmienden el comportamiento del congreso, los partidos y grupos minoritarios, las cortes y en fin la totalidad del aparato judicial y empleemos herramientas efectivas para combatir la corrupción generalizada que entronizó sin reato alguno, el espurio en el gobierno central.

Esta última frase me lleva a la otra noticia que causó hastío y náuseas y es aquella en donde se informa a la nación que la posibilidad de un juzgamiento objetivo y en justicia cierta para el espurio y sus campañas para la presidencia en 2010 y 2014, es una aspiración irrealizable y que este como los narcoterroristas, seguirá impune en su deambular delictivo. Recusaron a un investigador porque dizque prejuzgó y nombraron a un representante amigo del financiado ilícitamente. Entre bomberos no se pisarán las mangueras y por el contrario, harán frente común para protegerse entre ellos y cuidarse las espaldas.

Si cae el jefe los arrastrará hasta el fondo del pozo de estiércol en donde deben estar pues su calaña no les permite salir de ese mar de corrupción en donde se desenvuelven. Es su condición como la del alacrán que pica y mata a la rana que lo llevaba en su lomo para pasar el río.

Postre: Los desaparecidos del Palacio de justicia son un cuento chino que se inventaron los mamertos y narcoterroristas para enlodar a las instituciones. Ahora se descubre el entuerto y se oye el llanto y el crujir de dientes de los mal nacidos que se lucraron de esta falacia.

Este es un espacio de opinión que refleja exclusivamente el punto de vista de su autor. Para nada compromete el criterio editorial de Minuto30.com

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