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    Foro: Repensémonos, es lo mejor…

    Por: Carlos Mario Cortés Rincón

    Hace pocos días creí que estaba empezando a enloquecer o que me estaba fallando el disco duro, lo digo porque con ocho semanas de encierro, y después de haber leído un montón y escrito otro tanto, empecé a organizar un evento académico que titulé, “Foro: Repensémonos, es lo mejor”.

    Hice la convocatoria, organicé la sala, la mesa principal, preparé el refrigerio… en fin, todo quedó listo. La idea del evento me surgió en medio del hastío, el tedio y aburrimiento que producen los medios de comunicación mostrando las mismas imágenes y los mismos analistas repitiendo las mismas babosadas, ¡creo que somos los ciudadanos quienes debemos dibujar esa sociedad que queremos y necesitamos!

    A continuación, trataré de presentar algunas ideas o memorias que quedaron del foro, el cual, debo admitir, se adelantó con tres ejes sustanciales, ciencia, Estado-gobierno y sociedad.

    Empezando por la ciencia se lanzó al público la pregunta, ¿qué es y cómo se mide el desarrollo de un pueblo? La discusión fue bien interesante, ya que en medio de tantos aportes se habló de progreso y, fue ahí cuando el debate se puso candente. Alguien de forma espontánea adujo que el progreso sería proporcional al aumento de las máquinas, al desarrollo científico y al exterminio de plumas, tambores y taparrabos.

    De inmediato, el enojo de algunos se hizo evidente en sus rostros y fue entonces cuando otro asistente tomó la palabra y manifestó enérgicamente que no le había parecido nada gracioso ver por el centro de la ciudad robots y drones llevando domicilios, argumentando que nada mejor como el contacto con otro, el poder decir buenos días, muchas gracias…, no como esos contestadores automáticos que se burlan del usuario pasándolo de una línea a otra.

    Se dijo también que cuando se inventaron la aspiradora y la brilladora, se creyó que no se necesitarían más la escoba y la trapera y, ahí están, lo mismo se dijo cuando se inventó el computador y todos sus secuaces, que el profesor desaparecería y no, ahí está.

    El eje político inició con una pregunta que retumbó en el ambiente, ¿si un gobernante está haciendo las cosas bien, dentro del marco de la legalidad, por qué le huye a la sociedad escondiéndose en casas y camionetas blindadas? Como por arte de magia se hizo evidente el tema de la corrupción y todos querían opinar, se armó la de Troya, y, en medio de aquel ambiente enrarecido alguien llamó la atención diciendo que había que debatir otras ideas y el tiempo se acababa.

    Cuando se creyó que todo estaba calmado, se oyó otra voz acompañada con una risa socarrona, recordándonos que la vicepresidenta nos había dicho, a todos los colombianos, que no debíamos ser unos “atenidos”.

    Fue el momento preciso para que un señor alto y barbudo se pusiera de pie y argumentara que con los palabras de esa señora, John Maynard Keynes, padre del Estado de bienestar estaría revolcándose en su tumba y que así otros crean lo contrario, hoy más que nunca se hace necesario pensar en volver a Keynes y restablecer ese Estado que brinde los servicios básicos a sus ciudadanos con una auténtica democracia, una democracia que hace rato fue secuestrada por el mercado al servicio de las multinacionales.  Los aplausos fueron estridentes.

    En cuanto a la sociedad, se dijo que cada vez existen más y más temores que impedirán el acercamiento de unos con otros y, que el miedo es una estrategia de los poderosos para vendernos la idea de que necesitamos seguridad.

    Se escuchó también decir, con sabiduría y sólidos argumentos, que la escuela estaba enferma y la sociedad agonizante, que era el momento preciso de repensarnos y que, si era necesario devolvernos, nos devolveríamos, que lo más sano era reconocer los errores y volver a construir esa sociedad que nadie sabe cuándo se desvaneció.

    Terminando el foro, una señora elegantemente vestida tomó la palabra y nos dijo, en tono pausado, que los ciudadanos comprometidos no podemos permitir que los políticos de turno sigan diseñando y pensando nuestras ciudades a su antojo, que todos debemos reclamar espacios de concertación, donde las opiniones no provengan solamente de quienes ostentan el poder, sino que salgan de ideas barriales, de aquellos que viven y, porque no, padecen los avatares de estas urbes modernas.

    Como yo fui el único asistente, expositor y organizador del foro, cerré con un aplauso, recogí lo que tenía en mi escritorio y, no puedo negar que aproveché el momento y el espacio para pensar y repensar cómo será y cómo debería ser la sociedad pospandémica. Cerré mis libros, guardé mis notas y me dispuse a descansar.



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