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Del fanatismo de género o “feminazismo”

«Las mujeres somos doblemente oprimidas y por ello debemos ser doblemente revolucionarias», vociferó con candidez alguna vez una feminazi en mi facultad. He ahí el perfecto ejemplo del más radical feminismo: un activismo de género devenido últimamente en un insano fanatismo que, lejos de promover la igualdad entre hombres y mujeres, pareciera pretender que la sociedad entera le rindamos culto a la menstruación.

Féminas solo pueden promoverlo, féminas solo pueden profesarlo. Si su primera falla es tener una denominación que per se excluye al varón de promover la llamada igualdad aún en sus más moderados matices, su segundo gran error es considerar a todos los hombres como serviles del “patriarcalismo”; parecido al “imperialismo yanqui”, con machos barrigones y sudorosos de revólver en cinto y pelo en pecho en vez de gringos y, en lugar de capitales especulativos, acumulación de riqueza y mega-ejércitos, zurriagos, jalones de cabello y cilicios… O algo así.

Generalmente liderado por mujeres que reniegan de su propia sexualidad y que no titubean al llamar “machos con vulva” a aquellas que no sucumban a su fanatismo y parafernalia, mas hacen todo lo posible para lucir como un hombre -¡Saludos a Claudia López!-, en el hemisferio occidental tiene ya varias expresiones.

Han logrado desfigurar la lengua castellana a tal punto de que será un machista patriarcal aquel que no use la catastrófica redundancia de “todos y todas”, “compañeros y compañeras”… “millones y millonas” -¡Saludos, Nicolás!-.

La falacia de los “feminicidios” llama particularmente la atención. En Colombia se ha puesto un gran reflector sobre los asesinatos de mujeres, denominándolos todos como feminicidios, es decir, como la muerte violenta de una mujer por el mero hecho de ser mujer. Sí, en Colombia a las mujeres solo se les mata por ser mujeres… o eso dicen las feminazis que dirigen la política de “equidad” de género aquí. Aun si aceptáramos semejante exabrupto, de acuerdo a la Oficina para las Drogas y el Crimen de las Naciones Unidas, estos solo constituyen el 8% del total de homicidios que se presentan en el País. ¿Y el 92% restante? Bien, gracias. Saludes les mandan.

¡Y sí, aunque no lo crea, hay mujeres que roban, mujeres drogadictas, mujeres traquetas, mujeres que ya tienen “más de un muñeco encima”, mujeres que engañan a sus maridos, mujeres que cometen delitos!… Pocas, pero las hay; y todas aquellas son posibles ‘causas’ de un homicidio, en especial cuando en América Latina se tiene dínamicas de criminalidad tan complejas y pronunciadas. Un pernicioso estereotipo nos tiene a los hombres como los únicos que pueden ser criminales y resultar asesinados o encarcelados por serlo, ¿Les suena la restricción al parrillero hombre en Medellín y su conurbación? Nosotros tampoco la tenemos tan fácil, chicas.

El marcado machismo en Colombia y Latinoamérica es un hecho incontestable. No obstante, pretender corregir un problema de carácter cultura con políticas públicas, es como tratar la gripe con antiácido. El mejor ejemplo es la inefable Ley de Cuotas: la norma que obliga a gobiernos y partidos hacer que el 30% de sus funcionarios y candidatos, respectivamente, sean mujeres. Ello significa que lo relevante para darle participación a una mujer será su género, no sus capacidades y talentos.

En mi corta experiencia en política, el número de mujeres que participan siempre ha sido reducido y no porque no se les deje participar, sino porque históricamente –y con ello me refiero a millares de siglos- la política ha sido distinguida como una actividad de hombres.

¿Cómo cambiarlo? ¡Muy simple! ¡Animando a las mujeres a participar, no obligando a las instituciones a meterlas a como dé lugar! Pero con una precaución: sin dejarse seducir por los fanatismos de género, porque, así como no necesitamos ser cristianos para tener sanas conductas éticas y paz espiritual, tampoco es necesario acudir al “feminazismo” para propender por la igualdad. «Las mujeres se liberan junto al hombre, no contra él» solía decir la destacada activista argentina Alicia Moreau. @PabloAndresLB



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