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Cuando menos es más

Por: Juan Sebastián Ortega Linares

En medio de la incertidumbre económica y social de un país en recesión, se abre la posibilidad de una nueva reforma en el corto plazo, al sistema tributario.

Esta semana se conoció que el Ministerio de Hacienda, ante el deterioro de los indicadores y las expectativas, decidió agilizar la planeación de una reforma para radicar a comienzos de 2021.

La entidad recientemente había reajustado a la baja sus proyecciones de crecimiento, estimando una contracción del PIB de 6,8% para 2020 y una expansión de 5,0% para 2021, así como un déficit fiscal proyectado en 8,9% del PIB para 2020 y 7,6% del PIB para 2021.

Debido a la alta necesidad de aumento de recaudo, la próxima reforma se concentraría en incrementar la base gravable del IVA y en la reestructuración del gasto destinado a subsidios.

Adicionalmente, muchos versados en la materia y algunos parlamentarios, siguen comentando las posibilidades de gravar más bienes y crear nuevos gravámenes, como los llamados impuestos verdes. Incluso, en la presentación del Marco Fiscal de Mediano Plazo se habló de la necesidad de recaudar 2 puntos más del PIB. Unos 20 billones de pesos, más de tres veces lo que se planeaba recoger con la reforma tributaria aprobada a finales de 2019.

Pues bien, conviene recordar que más tributos en Colombia significa menos legitimidad democrática, al tocar el resentido bolsillo de los contribuyentes. Además, en época de incertidumbre a nivel mundial, los capitales buscan mejores refugios, bajo la vieja consigna “no hay nada tan cobarde como un millón de dólares.

Colombia subiendo impuestos, desaprovecharía la oportunidad de posicionarse y tal vez hasta saldría perdiendo en el juego de la reubicación de capitales; es decir, en los esfuerzos por captar los que hoy están dentro, así como los que permanecen fuera del país.

La pérdida de inversiones ayudaría a destruir el empleo, lo cual minaría el crecimiento, profundizaría la desigualdad, afectaría el acceso futuro de Colombia a mercados internacionales y favorecería la inestabilidad política.

La falta de dinero en las arcas públicas que se traduce en déficit fiscal, puede mitigarse primeramente con disminución en el gasto de funcionamiento del Estado y en lo que no se pueda por esa vía con deuda, pues el país no tiene niveles excesivos (apenas supera el 60% del PIB cuando Japón registra 238%, EEUU 131,2%, Francia 119% y Brasil 101,4%), ni problemas de acceso a financiamiento económico nacional o internacional.

Valga decir, no de préstamos del Banco de la República, porque produciríamos una ruptura de confianza con los mercados, que se materializaría en una inmediata descalificación de riesgo.

Téngase en cuenta que aun cuando la deuda pública mundialmente ha alcanzado niveles cercanos al 100% del PIB internacional; equiparándose al tamaño de la economía global, el Fondo Monetario Internacional ha recomendado a los países seguir aprovechando las bajas tasas de interés para invertir en infraestructura.

Pero volviendo al tema, oponerse a la subida de impuestos, que es una especie de imperativo categórico en estas épocas, no implica oponerse a reformas en materia tributaria, incluso estructurales.

Por vía de política impositiva puede lograrse mayor recaudo y a la vez, apoyar el crecimiento.

En efecto, la vía de la simplificación y compilación de la normativa tributaria, recomendada repetidamente al país en el informe Doing Business del Banco Mundial, es sumamente beneficiosa, además de necesaria.

Incluso, es urgente simplificar un estatuto tributario caótico que aumenta los costos de transacción, exacerba la inseguridad jurídica y económica. Este es uno de los pesados lastres que ha impedido un crecimiento más dinámico de nuestra economía y que no puede impedir una recuperación satisfactoria en los próximos años.

La complejidad del Estatuto tributario vigente afecta el clima para la inversión, pero también las posibilidades de monitoreo y actuación de las autoridades tributarias.

Menos tributos y una estructura simplificada significarían también más dinero en los bolsillos de los consumidores para mover la economía, mayor disponibilidad de capital para inversiones, enormes facilidades para la formalización empresarial y réditos de legitimidad para el Gobierno.

Así pues, una necesidad urgente de cara a la reactivación socioeconómica del país es simplificar el Estatuto Tributario, elaborando con el apoyo de una comisión de expertos independientes una nueva codificación que incluya la reserva estatutaria para que con el tiempo dicha legislación no vuelva a complejizarse de manera desaforada, la menor cantidad posible de tributos optimizando la progresividad y revisar técnicamente los beneficios existentes, sujetándolos en lo posible a condiciones de desempeño frente a las metas señaladas y a criterios de costo-eficiencia.

Va a completar tres meses de instalada una comisión que ha nombrado el Gobierno Nacional para el estudio de beneficios tributarios. Pero como se ve, esta es solo parte de la tarea.

Se necesitan esfuerzos clave de compilación y simplificación tributaria, vía diferente a aumentar impuestos, para obtener mayor recaudo y no tener que estar buscando después de estos paños de agua tibia otras alternativas todavía más nefastas, como gravar con IVA la canasta familiar.

El Gobierno debe profundizar una política respecto de la cual ya ha manifestado estar de acuerdo, en lugar de abandonarla, en los tiempos donde más se necesitan motores de crecimiento y equidad. Su implementación ciertamente sería más difícil que ampliar la base gravable del IVA, pero también sería realmente histórica.

En ese mismo sentido, aunque Standard & Poor’s y Fitch Ratings han mantenido la calificación de Colombia en BBB- con perspectiva negativa, hicieron una advertencia sobre la necesidad de reformas estructurales que favorezcan la liquidez, el crecimiento económico y el fortalecimiento de las finanzas públicas.

Por su parte, el Comité Consultivo de la Regla Fiscal ha reconocido la necesidad urgente de implementar un conjunto coherente de reformas estructurales que promuevan la recuperación sostenible de la actividad económica y el empleo formal, así como la consolidación fiscal.

Si lo más importante en el bienestar de una sociedad es el empleo, la fuente creadora de empleo debe concentrar la mayor voluntad política. Que se piense en la creación de empresa, no solo como una moda interesante ni sólo cuando haya que formular y o ejecutar políticas específicas de fomento. Sino que cuando se trabaje en políticas monetarias, fiscales o tributarias, cuando se promuevan en materia de educación o en política social, se piense en las empresas, especialmente en las medianas y pequeñas. Sólo así podremos construir un país de más y mejor desarrollo.

Ojalá nos atrevamos a hacer esta reforma requerida desde hace tantas décadas, así sea en tiempos donde las reformas estructurales no parecen ideas tan extrañas.

Menos normas, menos detalles, menos impuestos y menos procedimientos, más claridad y simplicidad, efectivamente pueden traducirse en mayor recaudo, mayor seguridad jurídica y mayor bienestar. El país necesita una reforma tributaria más estructural que nunca.

@ortegasebastia1

Este es un espacio de opinión que refleja exclusivamente el punto de vista de su autor. Para nada compromete el criterio editorial de Minuto30.com

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