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Congresistas de la Res Pública

Por: Juan Sebastián Ortega Linares

Lo público es algo que parece no pertenecernos y como su dueño es un ente abstracto, tiene muchos interesados, pero ningún doliente.

Es común en el medio cultural colombiano y latinoamericano escuchar frases como Eso es del Estado”, “eso se lo regaló el Gobierno” o “se robaron plata del Estado”.

Tal vez esto delata nuestro imaginario sobre la forma de relacionarnos con todo lo estatal.

Como herederos de Roma, nos hemos educado bajo la idea de la República. Es decir, de la cosa pública. Pero, ¿qué es lo público? Alguien tal vez llegaría a decir que es lo de todos.

Diría bien, pero en la práctica asumimos que es lo del Estado. Y al final lo de nadie.

Lo público es algo que parece no pertenecernos y como su dueño es un ente abstracto, tiene muchos interesados, pero ningún doliente.

Por eso necesitamos generar sentido de pertenencia, no solo en cuanto a pertenecer a un grupo, sino en ser conscientes que todos los ciudadanos tenemos posesiones que nos pertenecen en común.

En efecto, bajo la idea de la propiedad común, el Estado no pasa de ser el administrador de los bienes, nunca su dueño, y se comprende mejor la necesidad de una rendición de cuentas, de la veeduría ciudadana y todos los demás elementos que se derivan de una relación de confianza.

Esa vigilancia sobre el gasto público, mejor aún sobre el gasto común, también debe ejercerse sobre las decisiones del Congreso. Este, tal como el ejecutivo, permanentemente destinan importantes cantidades de nuestro dinero.
Hace unos días en Colombia, como parte de la reforma política, se aprobó en primer debate la creación de doce curules más en el Senado de la República.

Si los 108 senadores actuales cuestan al presupuesto nacional $9.721 millones al mes y cerca de $116.654 millones al año, el pretendido nuevo incremento significa anualmente un compromiso presupuestal adicional de $12.962 millones de pesos, para un total anualizado que bordearía los $130.000 millones de pesos.

Todo esto en un país de ingresos medios bajos, fuertemente golpeado por la crisis pandémica.

Esta disparatada propuesta contrasta con la que optaba por reducir el Congreso a la mitad, generando un ahorro superior a los $316.000 millones de pesos cada año.

¿Qué ventajas generan las nuevas curules?, ¿por qué no nos decidimos a reducir el tamaño del parlamento? La respuesta para algunos, proviene de la necesidad de garantizar representación.

Al respecto, la razón evidenciada en Colombia entre el número de habitantes y el de parlamentarios es de 180.000 a 1.

Sin embargo, países de nuestro entorno acreditan que es posible aumentar esa razón: Perú con 32,5 millones de habitantes apenas tiene 130 parlamentarios, a razón de 1 por cada 250.000. México con 128 millones de habitantes tiene 628 escaños en su parlamento lo cual supone una relación de 206.000 habitantes por cada congresista.

E incluso el gigante sudamericano, Brasil, con 212 millones de habitantes tiene 594 congresistas, dando cuenta de una razón cercana a 358.000 habitantes por cada parlamentario.

Con todo, la sobre inflación parlamentaria es más evidente en el Senado, donde hoy tenemos 108 curules. Esta cifra contrasta por ejemplo con el Senado brasileño, integrado por 81 miembros, el argentino de 78, el paraguayo de 45 o el chileno de 43.

En tales condiciones, cabe pensar en reducir el tamaño del Congreso antes que en seguirlo extendiendo indefinidamente y sobre todo, conviene hacer un ajuste de la fórmula de representación, dado que seguimos aplicando una construida sobre la base del censo poblacional de 1985.

Es ahí donde nuestros congresistas deben esforzarse por garantizar una representación más equitativa de todos los colombianos, a la vez que procuran un manejo presupuestal como el que hoy se les reclama con razón, ya ni siquiera austero, sino por lo menos acorde con las necesidades y capacidades reales de un país que debe aprender a apretarse el cinturón.

Ni los afanes por crear puestos, ni la tentación de incrementar las probabilidades de salir electos, ni siquiera la creencia genuina de estar solucionando problemas a punta de burocracia, pueden seguir provocando que los administradores mal utilicen cuanto les hemos confiado. De lo contrario, debemos pasarles la carta pertinente, en formato tarjetón.

@ortegasebastia1

Este es un espacio de opinión que refleja exclusivamente el punto de vista de su autor. Para nada compromete el criterio editorial de Minuto30.com

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