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Con el pecado y sin el género

Escuchando en días anteriores al Comisionado de la ONU en Colombia (a ese mismo al que el Gobierno le ha dado tanta credibilidad) decir que aproximadamente un 50% de los exmilitantes de las farc no se encuentra en la zonas veredales, me ocasionó una tremenda preocupación, preocupación esta que -como cosa rara- no fue compartida por los medios de comunicación y pasó como una noticia más emparedada entre la pelea de Shakira y Piqué y la medalla de Mariana Pajón.

Me pregunté en ese momento ¿que pasaría si esos (aproximadamente) seis mil hombres volvieran al monte bajo la égida de cualquier mando medio a engrosar a las nuevas farc, o como les ha dado por llamar “disidencias de las farc? Claro, los miembros del gobierno, doctorados en creernos estúpidos salieron a decir: “están con sus familias”, “siguen en el proceso, pero en sus casitas”, no les faltó sino decir “tendremos una nueva camada de seis mil seminaristas escolapios gracias al post-conflicto”. Pero ¿y si no? ¿si en realidad se hace cierta mi razonable sospecha? Estaríamos en el peor de los mundos.

De una guerrilla vencida, encuevada, de la que no se tenía noticia desde más de dos o tres años antes de terminar el gobierno de Uribe, a una guerrilla mediática, posando en La Habana como unos gordos bonachones degustando de sus “Romeo y Julieta” acompañado de lo más selecto de los rones cubanos y dictando teoría del Estado sobre lo divino y lo humano y, eso sí, exigiendo para sí inmunidad, curules, plata, reconocimiento político (entre otras docenas de canonjías) debido a ese acto magnánimo que no debemos dejar de agradecerles de dejar de matarnos, secuestrarnos y violar a nuestras hijas.

Y todo eso se lo cedieron (claro, después le preguntaron a la gente, la gente dijo que no, pero que importa, la gente aquí vale un pepino). Ahora son seguros senadores y representantes sin mover un dedo, ahora no pagarán un día de cárcel y ahora han lavado su dineral mal habido, mientras seis mil “muchachos” se están reacomodando, mientras una nueva guerrilla (con partido político fortalecido) se está “larvando” quién sabe dónde, con todas las armas que no entregaron (o con las que entregaron, que carajos), con 940 toneladas de coca al año (que no todo es de ellas, pero lo pueden lograr) y con una importante porción de ese dinero lavado, de ese con que no repararon a ese insondable número de víctimas.

Así las cosas, va a seguir el terrorismo guerrillero (no ya, obviamente, en unos días) seguramente con mayor intensidad que cuando Uribe los tenía arrinconados y sus excabecillas (¿excabecillas?) entonces pasarán de los vulnerables cambuches en la selva a estar parados en el atril del salón elíptico del congreso recitando a Engels, desempolvando sus amarillentas versiones de la “Editorial Progreso” e indicando las reformas necesarias a la Constitución económica, al régimen de propiedad privada y al estatuto de justicia, de contratación o al sistema de salud, mientras las otroras focas de los medios, las que aplaudieron a rabiar a esos prohombres, se van -ahora sí- a rasgar las vestiduras (salvo que el presidente de turno sea de la “coalición Colombia”, caso en el cual, no se perderá un peso en mermelada, se perderán millones) porque, como dije, tendremos una guerrilla fortalecida, muerta de risa, y a sus cabecillas balbuceando su doctrina trasnochada desde el “foro de la democracia”, mientras las víctimas, las de Bojayá, las de Mitú, las de Las Delicias, El Doncello, Granada, etc., etc., etc., seguirán esperando que se les indemnice o que, mínimo, se les diga la verdad (cuya pregunta será respondida con un melodioso “quizás, quizás, quizás…”).

Le salió perfecta la jugada al hermano del presidente Santos, quién dudaría de ese acto de inteligencia suprema, de astucia política nunca antes vista en el mundo; la distracción de los aliados el día D en “país de calais” en la segunda guerra mundial, no fue un acto de distracción y posicionamiento tan estratégico como el que estamos viviendo en Colombia, pero lo peor de todo, lo más lamentable, lo más indignante, es el adormecimiento del pueblo al que nos tiene sometida la mermelada mediática de los dueños de la moral y la ética…

Este es un espacio de opinión que refleja exclusivamente el punto de vista de su autor. Para nada compromete el criterio editorial de Minuto30.com

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