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    ¿Cómo recuperar la felicidad cuando se ha elegido la posesión, el poder y el placer, a costa de otros seres humanos?

    Por: Nubia Leonor Posada

    Tratando el tema de la felicidad en su libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas”, https://marianrojas.com/2018/10/18/te-pasen-cosas-buenas/ la Psiquiatra Marian Rojas Estapé hace referencia a la sustitución frecuente del “sentido” por las “sensaciones”.

    En el capítulo I señala: “Hablamos de cuando la búsqueda de esas sensaciones sustituye el verdadero sentido en la vida. En esos casos de desorientación, la acumulación de sensaciones produce una gratificación momentánea, mientras que el vacío en nuestro interior crece como un agujero negro apoderándose paulatinamente de nuestra vida, lo que conduce de manera inevitable a rupturas psicológicas o comportamientos destructivos.

    Solo entonces, cuando el daño está hecho, la persona afectada o alguien de su entorno toma conciencia de que remontar es superior a sus fuerzas y buscan ayuda externa. Aparece entonces la labor del Psiquiatra o del Psicólogo para ayudar a recomponer esa vida.”

    La posesión es propiedad de uso en el trato a los seres no personales. También un ser humano se posee a sí mismo en cuanto realidad simple porque no termina, y de modo derivado de ésta, por la unidad entre ambas perfecciones de su ser, es poseedor de su propio cuerpo, que por este motivo es inenajenable.

    En la medida en que un ser humano se reconoce, respeta, acoge y cuida, y es también coherente con estas acciones, con la propiedad que todo ser humano tiene exclusivamente de su propio ser, gozará, será feliz con el bien de hacer de sí mismo y de los otros, mejores personas.

    La moralidad privada y la pública, deben promover el reconocimiento de la propiedad de cada ser humano respecto de sí mismo, por ser constitutivamente corporeoespiritual desde la concepción hasta la muerte natural. En esto cada persona, familia y sociedad, se juegan la felicidad propia y de terceros.

    Quien atente con acciones u omisiones, contra la inenajenabilidad, permitiendo o promoviendo productos culturales u otros medios que inciten al uso despótico de sí mismo o de otro ser humano, que es violación de sus derechos deducibles de las perfecciones que los constituyen y la lógica interna de éstas, debe ser sancionado y, si es un funcionario público, parte de la sanción debe ser su destitución: ningún funcionario público tiene derecho a atentar, por acción u omisión, contra quienes reciben su influencia: el cargo es de servicio, no de abuso.

    Primero se posee y luego se ejerce la propiedad. El buen ejercicio de la propiedad respecto de sí mismo se denomina cuidado y es antitético de despreciarse, disponerse de modo despótico y destruir.

    Cada ser humano es él en su unidad corporeoespiritual, durante su ciclo vital completo, como lo evidencia el mismo ADN de sus células y la especie exclusiva a la que pertenece.

    Cada uno de todos los seres humanos unicelulares se poseen a sí mismos, son inenajenables y merecen un respeto y acogida completos e incondicionales, por parte de todos los que tienen uso de razón.

    El poder hace referencia a la capacidad interna y externa, de actuar y recibir la acción o ejecución de un cambio, como la coautoría de un padre y una madre cuando engendran al hijo causando las relaciones de paternidad, maternidad, filiación y fraternidad, de la que derivan el derecho a la no injerencia del Estado en la promoción de la infidelidad o de lo que destruye al hijo o a la hija, como los anticonceptivos y otras prácticas que llevan a la muerte de su pequeño cuerpo.

    En cambio, los padres, la familia, el Estado y la sociedad, tienen el deber de ejercer su poder para acogerlo, y tratarlo siempre con cariño, justicia, solidaridad y la fraternidad que corresponde a quienes tenemos, como especie, el mismo origen y, deducible desde éste, igual sentido de nuestra vida.

    Se devuelve el poder, por ejemplo, rehabilitando a quien recibe la justa sanción y realiza la proporcionada reparación por haber abusado de éste, para que, a nivel personal, familiar y social, recupere su capacidad de ser plenamente coherente, consigo mismo y con otros, según su dignidad de humanos.

    El placer hace referencia a la sensación agradable que es efecto de ciertas acciones internas o externas.
    ¿Por qué la posesión, el poder y el placer, si no se procuran de modo coherente con el ser que somos y el motivo para el que fuimos causados, tienen efecto de vacío existencial como un “agujero negro”, según escribe Marian Rojas en su amplia experiencia como Psiquiatra, que se basa en evidencia científica actualizada y en una formación humanística bien cultivada y estructurada?

    Porque nuestros deseos y acciones no nos hacen inmunes a lo que somos y no cambian la finalidad para la que estamos diseñados: necesitamos valorar la sensación en el contexto del sentido temporal e infinito, de nuestro propio ser y el de los demás.

    Además de asumir plenamente el mal de culpa y el mal de pena, mejorar lo más posible la calidad de la educación también facilita recuperar y acrecentar aún más la felicidad, porque contribuye a comprender que no se es porque se siente –la mayoría de los seres conocidos carecen de sensibilidad–, sino que se siente porque se es con un modo específico de ser que hace posible que se sienta y, además, hay seres capaces de ser conscientes de esto.

    La mejor educación aporta conocer con más profundidad y mayor capacidad de difusión, que el “sentido” o “razón de ser” de sí mismo, se descubre y alcanza conociendo y tratando al Autor de todo ser limitado, y contextualizando, jerarquizando y optimizando, el aprovechamiento de las sensaciones y demás perfecciones, tendencias y actos propios, para aumentar su valor, al convertirlos en causas eficientes del pleno desarrollo personal, alcanzable a medida que procuramos el mayor bien o perfección que pueden lograr otros seres personales limitados, en lo que también a nosotros nos hace mejores personas.



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