Medellín, es el momento de pensarnos diferente

Por Olmer Muñoz Sánchez

Las posibilidades que la ciudad de Medellín ha venido desarrollando hasta llegar a convertirse en sede de la Cuarta Revolución Industrial por parte de los países hispanohablantes y la inauguración de la sede en Ruta N, no sólo buscará generar procesos de innovación y gestión de la tecnología y el desarrollo sino que a su vez, posibilitará un mayor desarrollo o despliegue de lo que puede denominarse como una educación inclusiva, equitativa y de calidad con un componente de seguridad integral indiscutible con miras a proyectar a sus habitantes hacia un proyecto de ciudadanía donde nos podamos pensar de manera diferente.

Tres factores son esenciales para construir un proyecto de ciudad que se ve a sí misma de manera diferente:

En primer lugar, frente al pesimismo exagerado en el cual se afirma por parte de algunas personas que la ciudad sólo tiene como referencia de sí misma el fenómeno nefasto del narcotráfico, debemos considerar que no hay que ocultar tal hecho histórico, pero no es el único que puede ser referente de la ciudad y de sus ciudadanos. La prueba eficiente de que se ha podido construir otra idea de ciudad, es que la educación se ha convertido en un pilar esencial de este cambio de mentalidad, incentivando en los niños, jóvenes y adultos las posibilidades de involucrarse en redes de escritura, lectura, innovación, gestión del conocimiento, con un componente necesario de bienestar social, lo que denota una clara intención de buscar otras vías para hablar de los ciudadanos. Es claro que si no tenemos una estrategia integral para el bienestar social, la inclusión en el empleo, la participación en los espacios culturales de la ciudad y la urgente necesidad de desincentivar la acción de grupos al margen de la ley, el resultado no será positivo. Pero aquí está la tarea que varias administraciones han venido desplegando en la ciudad desde hace ya varios años.

Este es un proyecto que debe ser de largo plazo y con la firme esperanza de que nos veamos como personas con derechos y libertades guiadas siempre por un espíritu de respeto y tolerancia. La participación institucional, en articulación con la ciudadana, será clave para proyectarnos hacia adelante, reconociendo el pasado, pero sin anclarnos en él.
La tarea no está acabada, pero está dando sus primeros frutos. Jóvenes de la ciudad que participan de becas para estudios en segunda lengua, concursan en proyectos de innovación tecnológica, ingresan al sistema integral de educación (primaria, secundaria, técnica y universitaria), y el diseño de espacios dignos para la formación del maestro como Mova y sus cuatro líneas de trabajo, demuestran que de manera integral se puede hacer un esfuerzo que marcará la diferencia en unos 10 años. Una ciudad que se piensa educada y respetuosa del ser humano se convierte en un entorno seguro para sus habitantes y con un progreso que de manera sostenida genera equidad y progreso. De nuevo, esto no resuelve todas las contradicciones pero va en la dirección de disminuir su impacto negativo en la sociedad.

En segundo lugar, cabe preguntarnos ¿cómo es posible que el habitante de Medellín pueda tener otros referentes distintos a los que tienen relación con la herencia del Narcotráfico, del microtráfico, de la violencia urbana y pueda verse de manera diferente interactuando en los espacios de ciudad que ofrecen las distintas administraciones? En efecto, un papel fundamental es lo que se puede hacer desde tres puntos esenciales; por un lado, los esfuerzos en materia de convivencia cada día son más necesarios para mejorar la tolerancia y la capacidad de convivir en el espacio ciudadano a partir de la diferencia, por ello la Subsecretaría de Convivencia mantiene programas constantes de prevención y de formación que apuntan a que nos reconozcamos como ciudadanos en los espacios públicos, los respetemos y los cuidemos. La seguridad no sólo está referida a tener un policía y un soldado, pues si bien ellos son una parte importante, muchos otros factores sociales son esenciales para construir una seguridad integral.

La resolución pacífica de nuestros conflictos por la vía institucional, con estrategias de diálogo, consenso y mediación, es nuestra mejor herramienta para la gestión constructiva de los problemas. Pero, más allá de esto, los habitantes de Medellín pueden verse de manera diferente si nos alejamos de construir nuestro referente únicamente con el pasado criminal del narcotráfico; por ello, saber que integramos una sociedad con muchas contradicciones, que asumimos la responsabilidad de la historia que hemos vivido, pero que no queremos quedarnos aislados en ella para revictimizarnos constantemente, es la convicción que nos debe guiar a tomar una decisión, y es la de darnos cuenta que Medellín no puede construir su presente y su futuro anclada al pasado de la violencia y reconocer que esto ha sido parte importante de nuestra vida, pero que allí no está la prosperidad de la ciudad.

El relato de una ciudad que es incluyente no es una quimera, es una realidad que puede ser más eficiente con la participación de todos y esto implica la legitimidad institucional, la cooperación entre todos y el giro radical en nuestra manera de percibirnos y alejarnos de la idea de que el otro es un potencial enemigo para reconocerlo como un ser humano digno de confianza, y a aquellos que hacen lo contrario, es decir a los que siembran el temor y se mantienen en la comisión de delitos, aparte de asumir las consecuencias de la justicia, se les ofrece oportunidades para resocializarse, reintegrarse y desligarse de actividades que son poco positivas en lo personal y social. Lo que es claro es que la institucionalidad hará todo lo posible para prevenir las conductas criminales y para permitir que se alejen de entornos violentos a través de un acompañamiento integral.

Tercero: Medellín, es el momento de que nos podamos pensar diferente. El proyecto educativo de una ciudad que inspira, genera apropiación del espacio público, que piensa en la dignidad de los maestros, empodera a los estudiantes y que se integra con las otras Secretarías, entidades y actores del territorio para seguir consolidando una ciudad del aprendizaje, es hoy una realidad. No es desconociendo el pasado como podemos avanzar, pero lo que no podemos hacer es anclarnos a un tiempo violento como si este fuera el único relato que pudiera definirnos en Medellín. La ciudad de la Cuarta Revolución Industrial es un centro para el país de oportunidad y desarrollo, en el que se fortalece la institucionalidad, se respeta la vida de los demás, se protegen los derechos humanos y se prepara a los ciudadanos en competencias y habilidades sociales.

Por ello, pensarnos de manera diferente no es una quimera. Somos ya una sociedad distinta, que se ve cada vez menos a través de los reflectores de la violencia. Ya no será de esta misma manera, y si bien este proyecto no es inmediato, sí lo es de largo aliento, donde el ciudadano es esencial para lograr los procesos de cohesión social, de respeto y tolerancia. La educación, uno de los factores más importantes de cualquier gobierno, será el pilar en el diseño de una proyecto de ciudadanos que se abren a nuevas agendas para pensar y construir la ciudad a través del aprendizaje, la recreación, la apropiación del espacio público, la interacción como agentes de la gobernanza local, la participación activa en la toma de decisiones en comunidad y la convicción de una acción política en busca del bien común. El proyecto de una sociedad menos prevenida frente al otro, segura y respetuosa de la diferencia, es nuestra opción aquí y en el resto de los municipios del país. Una sociedad desprevenida no es aquella que no está preparada, sino que actúa en los distintos entornos sociales sin el temor de que nos puede pasar algo malo. Esta tarea no es fácil, tardará décadas, pero es el momento de pensarnos y de actuar diferente. Son las generaciones presentes las que tomarán las riendas del país, por lo que el compromiso asumido ahora, generará el impacto esperado mañana.

Pensémonos diferente, abracemos nuestra historia, reconozcamos la importancia de lo que hemos vivido, pero proyectemos hacia adelante una mirada diferente, preservando la vida y la integridad del ser humano y valorándonos como ciudadanos de un mismo espacio: la ciudad de Medellín, con futuro y esperanza de ser una ciudad que se levanta de sus horas más oscuras para recorrer una ruta constructiva en la generación de oportunidades para todos.



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