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Una desolada San José expone a los más vulnerables frente al coronavirus

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Una desolada San José, en aislamiento debido a las medidas sanitarias para enfrentar a la COVID-19, sobreexpone a los más vulnerables: los refugiados, los indigentes y la población en situación de pobreza.

Las principales calles de la capital costarricense se encuentran vacías, los vehículos, autobuses y personas, ya no forman parte del paisaje urbano. Los locales se encuentran cerrados, mientras que el país trata de sobrevivir a una pandemia que afectará abruptamente la economía.

Sin embargo, en medio de ese aislamiento también están los más necesitados, aquellos que los que se les pide vivir en aislamiento pero no tienen un techo donde refugiarse, ni mucho menos agua para lavarse las manos como piden las autoridades.

En un recorrido realizado por Efe, observamos que un grupo de personas deambulaban por San José. Se trataba de refugiados, quienes por la emergencia sanitaria han perdido sus trabajos y en el último mes se han visto obligados a vivir en indigencia.

El nicaragüense Miguel Díaz, de 61 años, un guía turístico refugiado que se encuentra en el país desde septiembre de 2018 por la crisis sociopolítica que vive su país, expresó que los policías los envían a sus casas cuando los ven en las calles o parques, mientras que las organizaciones, el Gobierno y la iglesia no los ayudan desde el cierre de negocios que no son esenciales.

«No tengo ni agua para tomar, mucho menos para lavarme las manos, no tengo sabanas, ni ropa limpia, no hay cartones porque las tiendas que las regalan están cerradas. Me duele esto, porque Costa Rica es un Gobierno civilizado pero ha quedado debiendo para apoyarnos a nosotros. Vine como refugiado y terminé como limosnero, yo quiero trabajar pero también quiero sobrevivir a esta pandemia», dijo Díaz.

El nicaragüense se encontraba en compañía de otras 20 personas, algunos de ellos también refugiados de Cuba, Colombia, Venezuela, y otros indigentes costarricenses

«No deben estar aglomerados», les dice un policía desde lejos, «es por su propia seguridad» añade, y explicó a Efe que actualmente hay centros de refugio pero que muchas veces no dan abasto con los cientos de personas que llegan a pedir ayuda.

El Gobierno costarricense anunció el pasado 30 de marzo medidas de apoyo para las personas en situación de calle, como distribución de artículos de higiene, limpieza y de protección para organizaciones que atienden personas en situación de calle.

Además, de la coordinación para habilitar un centro de aislamiento para personas adultas mayores en situación de calle para reducir el riesgo de contagio y la creación de un segundo centro dormitorio en el cantón de San José.

«Todo ha quedado en puras promesas», critica Díaz, quien además destacó que durante el tiempo de pandemia también han sufrido de discriminación.

El ministro de Salud, Daniel Salas, en conferencia de prensa virtual manifestó que habían recibido denuncias sobre xenofobia y que no «van a tolerar este tipo de tratos de odio» ya que el virus no respeta clases sociales, raza, nacionalidades, ni edad.

Una situación similar se vive en los asentamientos ilegales donde habitan hacinadas muchas familias, donde respetar el aislamiento social y una distancia de dos metros es casi imposible, complicando aún más el panorama para los vulnerables.

Para este caso en específico, el Gobierno anunció la construcción de un protocolo de atención masiva para la población en pobreza afectada por la COVID-19 y trabaja en la identificación de la personas sin trabajo para que puedan acceder a un bono por los próximo tres meses.

El Ministerio de Salud de Costa Rica contabiliza hasta este sábado un total de 577 casos positivos de coronavirus COVID-19, lo que significa 19 casos más en un día. Además de tres fallecidos por este virus.

EFE

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