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Perseverantes y resilientes, deportistas trasplantados entrenan en cuarentena

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Corren, saltan y se alientan. Ariel Baragiola y Micaela Mercado, tenista y ciclista respectivamente, son deportistas trasplantados con varias medallas ganadas, que no renuncian a sus pasiones a pesar de la cuarentena por el coronavirus.

La falta de espacio y el encierro no son obstáculo: ambos saben que deben entrenar para la próxima competición, sea cuando ésta sea, y adaptan el pequeño hogar que comparten a las circunstancias del momento.

El pasado 20 de marzo, cuando comenzó el aislamiento social -todavía vigente-, impuesto por el gobierno en toda Argentina para frenar la propagación del coronavirus, ellos iniciaron también su convivencia.

Pocas horas antes, Micaela esperaba el transporte que la trasladaría casi 700 kilómetros, desde su casa en la ciudad de Río Tercero, provincia de Córdoba (centro), donde vivió toda su vida, hacia Buenos Aires, a casa de Ariel, su pareja. Un par de años atrás, se habían conocido entre competencia y competencia.

“Empezamos a planificar esta idea, que viniera para acá y se dio así la tormenta perfecta en la cuarentena”, comenta él entre risas.

CONSTANCIA, TENACIDAD Y COMPAÑERISMO

“Los primeros días no entrenamos mucho, la primera semana era todo un desconcierto. Después empezamos a organizarnos un poco más”, confiesa Ariel.

El tenista, que es presidente de la Asociación de deportistas trasplantados de la República Argentina (Adetra), reconoce que es un gran aliciente poder compartir este momento.

“Está bueno que los dos podamos entrenar porque te motivas también. A veces yo no tengo ganas y ella me empuja y está bueno hacerlo de a dos”, expresa.

A pesar de los inconvenientes de los primeros días, hoy la monotonía del silencio desaparece con el sonido de la bicicleta girando sobre un rodillo, un mecanismo que Micaela encontró para poder practicar paredes adentro, aunque reconoce: “La bici es linda con el aire en la cara, no pasa más la hora encerrada en un cuarto”.

Para Ariel es todavía más complejo. A pesar de realizar el entrenamiento físico básico, aún no encuentra una solución definitiva para la práctica hogareña de su deporte. “Con el tenis es casi imposible, salvo armar un frontón con un colchón, que lo voy a hacer ahora en breve”.

Más allá del tedio, ellos toman con responsabilidad este momento y salen solo lo indispensable.

“Muchos hemos pasado aislamiento por nuestros trasplantes mucho tiempo, muchos días (…) esto no es nada. Estar en tu casa, mirando la tele, cocinando”, señala Ariel.

“La verdad que para la que hemos pasado no es grave, al contrario, es una manchita más, una marca más”, agrega.

SUS TRANSPLANTES Y EL VÍNCULO CON EL DEPORTE

“Mi vida en el deporte empezó de grande, nunca hice nada”, remarca Micaela, y afirma que todos los años reprobaba gimnasia en el colegio: “Nunca me gustó”, confiesa.

La ciclista, que cumplió 29 años el 23 de abril, afrontó dos trasplantes de riñón como consecuencia de una grave insuficiencia renal provocada por el síndrome urémico hemolítico (infección generada por la bacteria E. coli, que puede ser grave en niños) cuando tenía 18 meses.

Sobre sus inicios con el ciclismo recuerda que tras su segundo trasplante temía engordar, algo que había sufrido después del primero. Su médico le recomendó caminar, pero como no le gustaba se inclinó por la bici: “ahí empezó el ciclismo en mi vida”, revela.

Pero lo que comenzó como una práctica para mantenerse en forma se transformó en una pasión que le valió tener que imponerse a la opinión de su médico, para el que la competencia suponía un riesgo.

Probados los beneficios del deporte, en 2015 participó por primera vez en los Juegos Argentinos para Trasplantados que organiza Adetra, y desde entonces lo hizo cada año. Clasificó para tres mundiales y obtuvo tres medallas de oro, dos de plata y una de bronce.

A diferencia de Micaela, Ariel ya disfrutaba el deporte desde muy pequeño.

A los cinco años tomó la raqueta y nunca la soltó, ni a los 15 cuando un virus destruyó parte de sus riñones, o a los 20 tras su trasplante, y cuando siete meses después de la operación clasificó para su primer mundial en Sidney, sintió que “no le podía pedir más a la vida”.

Hoy, con 44 años, representó al país en 13 mundiales, ganó trece medallas de oro en individuales y otras tantas en dobles.

EL DEPORTE Y LA COMPETENCIA

En ellos dos se reflejan muchas historias. Deportistas trasplantados de todo el país, que descubrieron su pasión por el deporte antes o después de recibir un órgano y que a pesar de tener trabajos y ocupaciones diversas, dedican tiempo al entrenamiento, por salud, placer o para competir y compartir esa vivencia.

Cada año, muchos participan en los Juegos Argentinos y se clasifican para el mundial. Una experiencia que llevó a 50 representantes de diferentes disciplinas en 2019 al certamen que se realizó en Newcastle (Reino Unido) y que posicionó séptima a la Argentina entre sesenta delegaciones del mundo.

Por ello, en estos tiempos de cuarentena, como Ariel y Micaela, otros tantos deportistas acostumbrados a superar obstáculos, entrenan en sus casas con los elementos de que disponen para estar preparados para la próxima competencia.

EFE

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