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    “Panchito”, “Espejito” y “El Boni”, los infatigables esterilizadores de Quito

    “Panchito”, “Espejito” y “El Boni” son los nuevos empleados que ayudan en el hospital público Quito Sur a esterilizar el instrumental médico, ambulancias y espacios por donde pasan los pacientes del COVID-19, y con los que tratan de minimizar el riesgo de contagio entre el personal médico.

    “Luego de que un paciente con coronavirus sale del hospital, estos tres robots desinfectan los espacios donde estuvo esa persona”, dijo a Efe el subdirector de Vigilancia Epidemiológica e Infectología, Francisco Mora.

    También “ayudan a limpiar el instrumental, equipo biomédico y equipo de bioseguridad del personal de salud”, añadió el doctor.

    Estos “fieles empleados”, que van ganando peso en los centros médicos de salud por todo el mundo debido a la pandemia, ingresaron a la “plantilla” de hospital en diciembre pasado, pero el COVID-19 los ha convertido en los auténticos héroes del momento.

    CASI HUMANOS

    “Ahora son parte indispensable en los chats internos del hospital, sobre todo entre el personal de limpieza”, afirma Mora al evocar los llamados casi personales que les hacen por los grupos de Whatsapp: “Allí dicen que baje el Panchito o el Espejito”.

    “Se han vuelto algo cotidiano y primordial para ellos”, dice Mora entre risas, y confiesa que últimamente parecen, incluso, haber asumido parte de su personalidad y la de otros dos médicos, Marco Bonifaz y Hugo Espejo.

    Los tres dirigen un hospital que ha atendido a 5.000 pacientes con sintomatología respiratoria, y donde actualmente se trata a unos 400 con coronavirus.

    El Quito Sur, dependiente de la Seguridad Social Ecuatoriana (IESS), es pionero a nivel regional en la incorporación de inteligencia robótica para la desinfección de sus ambientes.

    Cuenta con dos cápsulas para el traslado de pacientes, igual número de túneles de desinfección y los tres robots.

    En Quito, donde hay constatados unos 2.200 contagiados y unos 110 fallecidos, los casos de coronavirus se atienden en seis hospitales tanto del Ministerio de Salud, como del IESS y, por el momento, sólo el Quito Sur dispone de estos avanzados personajes.

    LUZ ULTRAVIOLETA

    Aunque hay otros en el mercado con tecnología parecida, se trata en este caso de robots fabricados por la empresa estadounidense XENEX, y que recurren a la tecnología de desinfección LightStrike para destruir al SARS-CoV-2.

    Mediante intermitentes rayos de luz ultravioleta C que alcanzan de 5 a 7 metros, los robots destruyen el COVID-19 en apenas 2 minutos, y no son de uso médico exclusivo.

    “Los hospitales, edificios de oficinas médicas, hoteles, oficinas, gimnasios y muchos otros espacios pueden beneficiarse inmediatamente de la desinfección LightStrike, ya que la pandemia global demuestra la necesidad de una desinfección rápida y efectiva”, dice un estudio del Instituto de Investigación Biomédico de Texas, donde fueron probados.

    Los robots de desinfección hospitalaria están dentro de la partida de aseo e higiene, como compra de servicio de desinfección, y originalmente fueron traídos para reducir el tiempo de asepsia entre cirugías, pero con el COVID-19 tienen nuevas misiones.

    Danilo Calderón, gerente general del Hospital IESS Quito Sur, explicó que los robots no han sido adquiridos sino que se paga por disparos.

    “Se paga por disparo. Están en un contrato por servicio y se paga alrededor de unos 9.000 dólares mensuales”, afirmó.

    LA “PASADITA” DE DESINFECCIÓN

    Originalmente fueron traídos al centro médico para incrementar las horas de quirófano porque, según el gerente, se desperdiciaba alrededor de una hora después de cada intervención quirúrgica.

    Por su parte, Mora asegura que la limpieza de los robots “genera confianza” en los médicos, enfermeras y demás profesionales, que incluso dejan que sus tres peculiares “ayudantes” desinfecten sus celulares y estetoscopios.

    Conductores y paramédicos también recurren a ellos para la desinfección de sus ambulancias, y se sienten más protegidos al ver los efectos de esterilización de una lámpara de xenón que genera explosiones de luz UVC de alta intensidad y espectro germicida completo (200-315 nm), que es más intensa que la luz solar.

    Su objetivo es prevenir y reducir la propagación de virus, bacterias y otros microorganismos nocivos en el medio ambiente al descomponer su ADN, evitando exponer al personal del hospital, los pacientes y sus familiares a una infección.

    “A las ambulancias les encanta venir cada cierto tiempo al Quito Sur para que les demos la pasadita de desinfección”, agregó Mora.

    En Ecuador, según cifras del Ministerio de Salud, hay entre 1.500 y 2.400 contagiados entre doctores, enfermeras y personal técnico de los hospitales que atienden el COVID-19, por los que los robots, más que meras máquinas, son auténticos camaradas de batalla.

    EFE

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