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    viernes 21 - febrero 2020

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    La convivencia armónica que salva vidas

    Por: Marcela Díaz Duque


    Como especie vivimos constantemente enfrentados a muchos riesgos para nuestra salud y bienestar como parte de la historia natural de cada ser vivo; los eruditos que estudiaron todo lo relacionado con la existencia del universo hablaron de Selección natural que confirma la supremacía del más fuerte, como aquel que es capaz de tolerar cambios y agresiones que puedan suscitarse desde el entorno.

    De igual forma, cada especie cuenta en su genética, con una capacidad inherente de autorregulación en aras de evitar sobrepoblaciones que amenacen la continuidad de la vida en un planeta con exuberantes riquezas pero finitas.

    Muchos factores se conjugan en la evolución y continuidad de las especies, existen limitantes y estrategias reproductivas arraigadas a cada especie y que se van condicionando a partir de la evolución que se genera, influenciado por densidades poblaciones que pueden llegar a generar competencias por alimento, disputas por territorios y enfermedades; ello, se suma a los factores externos que se vinculan participativamente para controlar la vida en el planeta: Erupciones, sequías, inundaciones, etc.

    Estas teorías evolutivas comandan la existencia de todas las especies y alternativamente afectan más a unas que a otras; En ellas, el ser humano aparece a jugar un rol preponderante, toda vez que desde el antropocentrismo

    ha manipulado todos los recursos presentes en la tierra en aras no solo de la su supervivencia, sino de la acumulación de riqueza que ha sido el motor de vida de las sociedades desde que la evolución humana ha estado presente en nuestro planeta.

    Hemos abusado de los demás compañeros de hábitat, tomándolos como “esclavos” de nuestros propios intereses y llevándolos a situaciones de enajenación: pérdida de su libertad y derechos.

    Hemos logrado hacer de la tierra: un infierno para la vida de los animales, impactamos directamente sobre ellos e indirectamente en la devastación de los recursos naturales en aras de ampliación de fronteras, crecimiento desmedido de población y abuso de riqueza. Hemos ido forjando las más grandes amenazas para el planeta.

    El coronavirus se ha expandido entre nuestras fronteras constituyéndose en una amenaza latente que atemorizado a muchos ciudadanos del mundo. Sus afectaciones no sólo han sido en términos de salud pública sino también en factores económicos.

    ¿Por qué esta pandemia? ¿Por qué nos enfrentamos a este tipo de enfermedades que no han tenido como receptor original al ser humano?

    El ser humano es un depredado voraz y despiadado, amenaza especies y recursos no por preservación, sino por gula, lujo, placer y otros menesteres exhibidos en los “pecados” que las religiones pregonan.

    China es un país ostentoso con sus exóticos “deleites” gastronómicos que no respeta especies, ni peligro de extinción; normalmente no tienen conmiseración por ningún tipo de animal. En China se lleva a cabo el lamentable festival Yulin donde se consume carne de perro (los mismos animales que acá baten colitas y duermen en nuestras camas), dicha carne es un placer culinario en dicho país.

    De igual forma, hay mercados de la crueldad como el que existe en Wuham (Epicentro de la epidemia del coronavirus), los llaman mercados húmedos, pues allí confluyen piscinas de sangre, vísceras pudriéndose, escasas condiciones sanitarias donde conviven los prisioneros que esperan su sacrificio, al lado de los agonizantes y muertos; un caldo de cultivo de diferentes tipos de microorganismos virulentos que se suman al miedo y el estrés que experimentan estos animales.

    Allí es posible encontrar de todo tipo de animales: cocodrilos, puerco espines, ratas, lobos, avestruces, patos, marmotas, conejos, pavos, entre otros, sin importar si son silvestre o de cualquier otro tipo de especie.

    Wuham, fue el gestor de la epidemia, nuestra crueldad, avaricia y abuso de recursos pasa cuenta de cobro. Los animales son reservorios de muchos tipos de microorganismos, y los propiciamos cuando las condiciones sanitarias escasean.

    Muchas enfermedades que ha contraído el humano son producto de su avaricia y su crueldad desmedida; en los últimos 50 años han migrado enfermedades de animales no humanos a humanos, por ejemplo el VIH en los 80’s que provenía de los primates (simios), la pandemia de gripe aviar tuvo su origen en pájaros, el SARS y MERS (Sindromes respiratorios) llegaron procedentes de murciélagos y de Civetas que son como especie de gatos monteses y son un manjar para los chinos; el SARS, contagió cerca de 8000 humanos, causando una mortalidad del 10% de esta población.

    El tema es complejo con los países asiáticos, cabe recordar que aún hay una polémica en nuestro propio país por la avidez de los Chinos por la aleta de tiburón y su apertura de comercio con nuestro continente; muchos expertos en el área de la salud, al igual que defensores de los ecosistemas han generado varias voces de alerta frente al tráfico de vida silvestre, las condiciones antihigiénicas y el apetito voraz de los orientales por todo tipo de fauna.

    Esto genera un alto impacto no solo en la biodiversidad, sino también en la exposición a enfermedades; no hace poco se propagó en redes un video de una chica comiendo sopa de murciélago, la misma especie a quien se le está atribuyendo en la actualidad la presencia de coronavirus.

    Somos depredadores inconscientes y esto nos lleva a pasos agigantados a nuestro propio exterminio, la selección natural pasa cuenta de cobro y parte de la capacidad de convivencia en un planeta finito lo suma también el ser capaz de vivir en armonía con otras especies, respetando el hábitat y su continuidad.

    Cada día evidenciamos más y más la necesidad imperante de hacer cambios drásticos en nuestra forma de vivir, el planeta nos da manifestaciones diarias del daño que le hemos proferido, las especies se extinguen y nuestra avaricia nos condena.

    Hemos visto que estilos de vida más consientes y solidarios son una ventana que se abre hacia el futuro, no nos neguemos a ver lo que pasa cuando ignoramos que somos solo uno “más” que habita este planeta y que nuestro deber es respetar la vida que se cierne en él.

    Fundación O.R.C.A


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