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Opinión

Por qué seguimos hablando de racismo

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Ornella Su%C3%A1rez Vidal Perspectiva Ciudadana

Es inadmisible seguir escuchando en el círculo familiar, social, laboral o en el más cercano que las personas se refieran a otras con tanto desprecio, y sí, no lo neguemos aún continúan los sentimientos de rechazo y discriminación racial, muchos manifestados a través de los microracismos. Ese es el racismo que sigue viviendo de manera silenciosa y latente, que se ha ignorado porque en muchos contextos incluso se ha normalizado.

Los microracismos son esos comentarios o comportamientos que algunos por prejuicios toman o reaccionan ante una situación que se torna despectiva y/o discriminatoria hacia otra persona y en especial de color.

En días pasados en entrevista con la BBC, el reconocido cineasta afroestadounidense Spike Lee, ganador del premio Oscar por su filme BlacKkKlansman, una historia de un policía negro que se infiltra en el Ku Kux Klan, hablo sobre lo sucedido en Estados Unidos y se refirió a la situación afirmando que, «El racismo existe en todo el mundo. Esto ya era una pandemia global antes del coronavirus», de la misma manera realizó una reflexión sobre esta problemática global, al exponer el por qué se siguen presentando estos incidentes, «cualquier arquitecto te dirá que si no tienes una base sólida, el edificio será inestable y temblará desde el primer día».

Y así es, lo que ocurrió en Estados Unidos fue un suceso luctuoso, por un lado, el tema del abuso de autoridad y las fatales consecuencias, por otro lado, y a mi manera de ver el más aterrador, la figura pérfida de un presidente con su propia Nación, que por supuesto, no puede celebrar ni el vandalismo, ni la violencia camuflada en lo que debería ser una manifestación pacífica, poco oportuna para estas épocas de pandemia, pero que con un simple mensaje de unidad y solidaridad le hubiese ahorrado mucha energía, menos odio y menos repudio de muchos ciudadanos hacia su silencio frente a un tema tan álgido como éste.

Pero los casos de racismo no son exclusivos de un territorio, en Colombia también los vivimos a diario, y no debemos reaccionar hasta que se conviertan en casos fatales, estos debates del comportamiento y los sentimientos perversos que todavía habitan en algunos es un claro reflejo que seguimos atrapados cíclicamente en lo mismo, porque no le hemos dado la importancia que amerita, lo hemos subestimado por completo, y es precisamente eso lo que no nos ha permitido avanzar en el tema.

Cuanta razón tenía Martin Luther King  en su discurso “I have a dream” (si no lo ha escuchado o leído, hágalo, le va surtir efecto) cuando decía “no habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia”. Tampoco hay que negarlo, bastante se ha avanzado, no por algo  Estados Unidos llegó a tener su primer presidente afroamericano en el 2008, pero todavía sigue siendo tema en mar revuelto.

El fenómeno del racismo se sigue manifestando en muchas ocasiones de una forma que parece poco perceptible, pero que allí reside. En los ambientes laborales por ejemplo, haciendo alusión a la esclavitud, o en los viajes familiares cuando alguien se pone demasiado atezado y surge un comentario despectivo, o el bebe que nace con todo su esplendor y es todo menos caucásico, y por eso es  juzgado de la manera más insensible cuando apenas le dice hola al mundo.

Nuevamente citando el discurso de Luther King, que bueno sería que las personas “no fueran juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”, que bueno sería que desde los mínimos detalles empezáramos el cambio para aceptar que no es la vergüenza, ni el qué dirán el que nos lleve a seguir viviendo un racismo silencioso, es la empatía y es el respeto hacía el otro, que no esté llene de excusas, ni excepciones, que trascienda en nuestro comportamiento, para que después de un poco más de cinco décadas de seguir evocando el mismo discurso, este debate termine, ni soterrado, ni disfrazo, extinto.

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