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Opinión

¿Que qué extraño de mi pueblo?

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Wilton Chaverra R%C3%ADos Voces y pensamientos

A propósito de un hermoso video que hicieron mis paisanos, donde se nota el empuje y la reinvención para salir adelante, además del amor que demuestran al terruño en la forma de hablar, me llena de emoción y ganas de estar en la tierra de Santa Laura. Desafortunadamente por más que leo las excepciones del gobierno nacional, no encuentro ninguna que me cobije y eso hace que aún no pueda ir (las normas se hacen para cumplirse, así a muchos, incluyéndome, no nos gusten), pero hoy quiero escribir un poco dando respuesta a un amigo que me preguntaba qué extraño de mi pueblo.

De mi sitio natal extraño la tranquilidad, la sonrisa y amabilidad de la gente, extraño la geografía con grandes miradores en la parte alta, donde incluso se divisa el cauca, extraño ver al campesino caminar las calles con sus productos y las cargas de café perfectamente empacadas para vender en las compras de café locales, el sonar de las campanas de la iglesia, el color de los balcones y fachadas de las casas con sus imponentes puertas y ventanas en madera, la respiración profunda y pura, que se hace sin temor alguno a la contaminación, los diversos sabores de café que se disfrutan gracias a la variedad de altura y procesamiento del producto por expertos locales.

Extraño el caminar por las calles y saludar a todo el mundo porque nos conocemos desde siempre, extraño el espectáculo cultural cada que se estrenan las obras en el museo y que rebasa lo local, convirtiéndose en ejemplo nacional; extraño las veredas tan cerca unas de otras, pero a la vez tan distintas y solo unidas en torno a un enérgico saludo, que le recarga automáticamente el estado de ánimo a cualquiera.

Extraño el rio y sus paseos de olla, las caminatas diurnas y nocturnas por cualquier lugar sin temor alguno a poner en riesgo mi integridad. Los actos religiosos, cívicos, culturales, así como cada una de sus festividades, extraño el montar a caballo, los mangos criollos y recién recolectados, el cardamomo y los dulces; los productos artesanos y la variedad gastronómica, con ese sello inconfundible de mi pueblo.

La pujanza mostrada en sus artistas, comerciantes, campesinos y población en general, el respeto y admiración que se genera al entrar a las iglesias, los museos, el centro de historia y la casa de Santa Laura.

La tranquilidad y paz interior que nos brindan los sitios naturales como el jardín botánico, el morro el salvador, las nubes, las playas, la soledad, la cascada, la cabaña, los chorros de Quebradona y mil lugares más, que aún para algunos paisanos son destinos por descubrir.

Extraño jugar futbol en el estadio o en las veredas, lanzarme en parapente y admirar la belleza desde arriba, disfrutando todo el cañón del cauca y hasta donde la mirada lo permite, así como el contrastar sentándome en el parque para esperar el atardecer y si estoy con suerte, ver pasar una recua de mulas que aún se niegan a desaparecer de nuestro paisaje.

Ir a escuchar mi música favorita compartiendo con buenos amigos, disfrutando de negocios nocturnos con un buen abrigo ante el cálido e inconfundible frio de mi tierra, donde además, el dueño que siempre es un buen anfitrión, termina sentado un rato con nosotros, compartiendo un centenar de relatos interminables de nuestra vida ligada a este pueblo mágico.

Así pues, deseo regresar lo más pronto posible a sentir el olor a parva fresca y a seguir disfrutando e infundiendo entre mis hijos, paisanos y amigos en general, el amor por esta bella montaña.

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Medellín

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