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La escuela rural se pertrecha ante la COVID, con el espacio como ventaja

La pandemia sorprendió a muchas escuelas rurales españolas sin los medios necesarios para afrontar la educación a distancia, y los centros se han ido pertrechando estos meses ante un nuevo curso que comienza para ellos con ventajas, con grandes espacios y pocos alumnos, aunque desconocen cómo acabará.

Desde el colegio de Baralla (Lugo), el de Solana del Pino (Ciudad Real) y el de Almeida de Sayago (Zamora) cuentan a Efe cómo superaron los últimos meses del pasado curso y cómo se han preparado por si la COVID-19 obliga a los estudiantes a quedarse de nuevo aislados en sus casas.

DE LOS “WALKIE-TALKIES” AL ORDENADOR

En el ayuntamiento rural de Baralla (Lugo), de 2.500 habitantes, el colegio Luis Díaz Moreno se vio obligado a implantar durante el estado de alarma un sistema de comunicación mediante “walkie-talkies”, porque algunos alumnos carecían de internet u ordenador, y se enfrenta ahora al comienzo del nuevo curso con “incertidumbre”, indica a Efe su directora, Vanessa De Arriba.

Aquella iniciativa, que pretendía solventar la brecha digital y permitir las clases a distancia con los aparatos que se usaban en el colegio para hacer juegos de orientación, fue una experiencia “positiva” y facilitó que los alumnos de tercero de primaria se comunicaran entre ellos y con su profesor, pero no dejó de ser “un parche”, apunta.

La directora reconoce que “no es una herramienta muy dinámica”, pues tiene un cierto “retraso”, por lo que ahora se han preparado para dar clases por videoconferencia en el caso de que tuvieran que volver a recurrir a la educación no presencial.

Desde el colegio, que cuenta con unos 140 alumnos, de infantil, primaria y secundaria, han preparado a las familias durante el último mes para intentar que todos estén “adaptados”, con un ordenador y conexión a internet, con el fin de que, llegado el caso, se pueda recurrir “sin problemas” al aula virtual.

La directora reconoce que pertenecer a una zona rural es una ventaja a la hora de organizarse para la actividad presencial, ya que hay menos alumnado por aula, en torno a una quincena, y será “más fácil” mantener las distancias y “organizar turnos de recreo”.

Pero cree que su ubicación es un inconveniente ante un “posible confinamiento” o la organización de clases semipresenciales; “En la ciudad están un poco más preparados en la era digital, tanto las familias en sus domicilios como el alumnado”.

SEIS NIÑOS Y MUCHO ESPACIO

Con tan sólo seis niños en su aulas, el colegio de Solana del Pino, un pequeño municipio de 383 habitantes situado en plena Sierra Morena y que antaño fuera tierra de bandoleros y maquis en la provincia de Ciudad Real, se prepara estos días para reabrir sus puertas.

Los alumnos esperan con cierta impaciencia su vuelta a las clases y lo hacen no exentos de intranquilidad, al no saber si la pandemia les permitirá regresar a las aulas o no, como ya ocurriera a finales del curso pasado.

Lole Rubio Capilla, madre de Nerea, una niña de cinco años, cuenta que viven en una gran finca cinegética alejada varios kilómetros del núcleo urbano y reconoce a Efe que su hija espera con inquietud reencontrarse con su profesora y compañeros.

Explica que el confinamiento “cogió a todo el mundo desprevenido”, pero, aun con todo lo que hubo que improvisar, su hija acabó el curso “sin problemas y sin retraso”, gracias “al firme compromiso” de su tutora y del resto de profesores.

No tienen miedo a que la niña vuelva al colegio, porque guardar la distancia de seguridad entre seis alumnos “no va a ser un problema”; de hecho, dice estar mucho más preocupada porque su otro hijo “pueda hacerlo” en el instituto, donde la ratio será de 25 alumnos.

Mar Tadeo, directora del colegio, resalta que la desventaja en otras ocasiones, “como es que los niños se encuentren más aislados en los colegios rurales”, en este caso “se ha convertido en una ventaja”.

En Solana del Pino no fue tampoco un problema continuar con el curso durante el confinamiento, con unos alumnos que recibieron “clases a la carta y de forma individualizada”.

La brecha digital, recuerda la directora del centro, no fue ni será un obstáculo. La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, reconoce, se ha preocupado de poner a su disposición todos los medios para que reciban clases, “estén donde estén”.

Los colegios de las zonas rurales, que lamentablemente se han visto afectados por el fenómeno de la despoblación, parten de una situación más ventajosa para adaptarse a las exigencias de la pandemia. “La disponibilidad de espacios, mucho mayor frente a los grandes núcleos de población, es su gran baza ante la COVID-19”, coincide José Caro, delegado de Educación en la provincia de Ciudad Real.

TALLERES PARA PADRES Y ENTRENAMIENTO PARA ALUMNOS

En Almeida de Sayago (Zamora), un pueblo de menos de medio millar de habitantes de una comarca fronteriza con Portugal, el pasado curso se vieron obligados a recurrir a la Cruz Roja y a la Guardia Civil para poder finalizar el curso.

Cruz Roja facilitó tarjetas SIM a una cuarta parte del alumnado que carecía de acceso a internet en su domicilio y así pudo al menos conectarse desde el móvil de sus padres para seguir los contenidos educativos, mientras que los agentes llevaron libros y material escolar imprescindible para afrontar el último trimestre a 7 de los 21 alumnos.

En el colegio de ese pueblo zamorano, el nuevo año académico lo iniciarán 16 estudiantes en dos aulas, con mascarillas y distancia de seguridad.

Aunque el número reducido pueda parecer una ventaja desde el punto de vista sanitario, el problema se plantea en la metodología educativa, ya que en estos colegios se fomenta el trabajo en grupo al haber alumnos de distintos cursos en una misma clase, y eso debe cambiar por las medidas de prevención frente a la COVID-19.

Al margen del problema de la velocidad de conexión a internet, el principal escollo para las clases en línea es de falta de manejo de las nuevas tecnologías en muchos casos por parte de padres y alumnos.

Por ello, en el colegio de Almeida de Sayago, en previsión de lo que pueda pasar, se han programado talleres para los padres, y a los estudiantes se les encargará todas las semanas alguna tarea para entregar de modo virtual, explica a Efe la profesora Montserrat Barrios.

Otro inconveniente de las clases a distancia es la falta de socialización para unos alumnos que en muchas ocasiones son los únicos niños en sus pueblos o la forma en la que los padres pueden compatibilizar el cuidado de los niños con las tareas del campo, apunta Barrios.

El Ayuntamiento tampoco es ajeno al inicio de este curso presencial en temporada de coronavirus, señala el alcalde de Almeida de Sayago, Miguel Alejo, que explica que por las medidas sanitarias de refuerzo están obligados a poner una limpiadora a diario sin contar con recursos ni ayudas para ello.

EFE

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