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Explicación confidencial y privada a Klim.|Por Edgar Artunduaga.

Por Edgar Artunduaga.

En el centenario de Lucas Caballero Calderón, Edgar Artunduaga, en La Tómbola, recuerda un episodio postrero que demostró que la originalidad de Klim no tiene par.

Don Lucas Caballero Calderón:

Me da pena molestarlo por estos días, cuando todos andan celebrando sus cien años de nacimiento, pero para los padres nunca hay momento inoportuno para saber de las andanzas de sus hijos, en este caso de su primogénito Lucas.

Aunque usted debió conocerlo en su momento, me siento en la obligación de darle mi versión cruda del hecho, que posiblemente difiera de lo que conozca por boca de los suyos.

Recuerde que lo visité, para agradecerle una privilegiada referencia que hizo de mí como periodista, en su página de Cromos. Usted, tan temido por las grandes figuras política de la nación, tuvo la generosidad de una pausa para descender y decir que yo –reportero principiante- era un periodista de sal y de dulce, con mucho futuro. Apabullante para mí esa referencia, que nunca terminaré de agradecerle, aunque corto me haya quedado en tales pronósticos.

Producida su muerte –que lamentamos todos- El Espectador lanzó con gran expectativa el anuncio de que Lucas Caballero Reyes lo sucedería en su columna, que vimos como un acto de solidaridad, compromiso y agradecimiento.

Sabíamos que la responsabilidad no era fácil, pero rogamos porque el joven Caballero se aproximara al portentoso estilete del padre, que lo había convertido en el columnista más leído –y temido- del país.

La verdad es que no decepcionó en la primera columna. Ni en la segunda. Posiblemente unas más. Asombroso el estilo, el parecido, los giros, el humor, el sarcasmo, el sello del famoso Klim.

Pero resultó tanta la semejanza que aparecieron las sospechas y –para tristeza mía- encontré que Lucas copiaba en un 80 o 90 por ciento sus columnas. Los textos eran idénticos, al punto de que su esfuerzo –me imagino- era encontrar los comentarios que resultaran propicios para la realidad del momento. Cambiaba los nombres.

Con todo el cariño, agradecimiento y gratitud que le tenía y le tengo, no fui capaz de esconder ese secreto, que tarde o temprano habría de conocerse. Publiqué la información y puse al descubierto el plagio, a todas luces insólito, vergonzoso, inexplicable.

Bien hubiera podido Lucas abstenerse de aceptar el encargo, para ahorrarle vergüenzas a la familia.

De manera extraña (no obstante mi denuncia), Caballero Reyes publicó otras dos columnas y yo volví a la carga, para presentar otros dos textos casi idénticos, el original de Klim y la copia del hijo.

Finalmente Lucas no publicó más, desapareció del escenario “periodístico” y sin explicaciones El Espectador le retiró de su nómina.

Con el tiempo, supe lo que pasó al interior del periódico de los Cano. Don Guillermo, su director, llamó la primera vez a Lucas y le pidió explicaciones, que dio a medias, sin convencer a nadie.

Con mi segunda denuncia, apabullante, don Guillermo llamó a Lucas para entregarle la carta de destitución. Lucas nunca atendió la cita, y entonces la periodista María Jimena Duzán tuvo el desagradable encargo de comunicarle la decisión.

Me complace ver por estos días nuevamente el nombre de Lucas, unido a la preparación de un libro en su honor (el suyo, obviamente mi estimado KLIM). Ojala que se limite a compilar sus columnas y no se le ocurra el disparate de copiarlo textualmente.

Eso era todo. Desde hace un poco más de veinte años le debía esta aclaración, que hoy le presento con todo respeto.

Don Lucas, que Dios lo tenga en la gloria.

Sinceramente,

E. Artunduaga.

P.D. He vuelto a leer muchas de sus columnas por estos días. Y me reí mucho del caso de Luis Avelino Pérez, el padre de Luis Eladio, a quien acaban de nombrar embajador en Venezuela.

Transcribo unas frases suyas: “…Luis Avelino, se sacó el Bonitico o el Divino Cuy, como también le dicen allá, en una fiesta social a la cual concurrió lo más granado de la sociedad de Pasto. Sus amigos tuvieron que cubrirlo púdicamente con un auxilio parlamentario y sacarlo de la reunión. La Congregación de Amigos de Cristo en Agonía quiso cerrarle sus puertas, pero lo que es estar bien relacionado, digo yo. Harmano Gulito (el presidente Turbay Ayala) habló por él y parece que todo se arregló pagando Luis Avelino solo por ese mes, una multa equivalente a una cuota de doble miembro. El Bonitico en Nariño, realmente hace milagros”.



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