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Opinión

El caso de Asia Bibi, compasión y sentido común Vs. extremismo

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jenny romero

jenny romero

El pasado 31 de octubre la corte suprema de Pakistán emitió el veredicto definitivo con relación al caso de Asia Bibi, una joven cristiana residente de ese país quien fue acusada de blasfemia por supuestamente hacer un comentario en contra de Mahoma, del profeta del islam.

El hecho que desató dicha acusación y la posterior sentencia a muerte por ahorcamiento se presentó en 2009 mientras Asia trabajaba en un campo de cultivos junto con otras mujeres, que, a diferencia de ella, eran de confesión musulmana. Asia se dispuso a beber agua de un recipiente provisto para las trabajadoras, pero fue asalta por sus compañeras quienes la consideraban impura para beber del mismo recipiente ya que era cristiana y no seguidora del islam; hecho, que derivó en una pelea, que llevó a aquellas mujeres a acusarla de blasfemia frente al clérigo musulmán de la zona; después de que Asia fuera confiscada por la policía y posteriormente se le abriera investigación por ese delito.

Este hecho, que pondría a Asia en la fila de espera del corredor de la muerte, suscitó ya en ese entonces el apoyo a la joven cristiana por parte de activistas de derechos humanos, sin embargo, debido a las duras leyes sobre blasfemia vigentes en Pakistán, país declarado como república islámica; este no alcanzó para evitar que ella permaneciera aislada varios años por dicha acusación.

No obstante, en 2015, después del largo tiempo lejos de su familia y esposo, Asia tuvo el respaldo del abogado Safi Malook quien libró una dura batalla apelando a la corte suprema de justicia que finalmente derogó dos sentencias anteriores emitidas por cortes menores que habían condenado a la joven. Es así como sorprendentemente para un país declarado musulmán (97% de su población), palabras del juez Nisar de la suprema corte, indicaban: ¨se necesita de una prueba más allá de la duda razonable, para que la justicia penal se asegure de no condenar a ninguna persona inocente¨, a lo que agregó que la evidencia contra Bibi era insignificante y que, ya que no tenía delito adicional relacionado, esa sentencia de muerte podía ser derogada y ella liberada.

El caso sigue generando manifestaciones a favor y en contra del fallo de la corte suprema; aún, decenas de hombres encabezados por el clérigo que profirió la sentencia, Qari Salim, salen a la calle con palos, con furia en los ojos y con el rostro enceguecido por la incapacidad reflexiva, a pedir que otra corte anule el veredicto ya dictado y luchado por los abogados de Bibi. Es muy duro lo que viven las minorías religiosas en países como este, resulta pasmoso ver a esa turba que ignora el sentido común y derechos fundamentales de una sociedad moderna, o que simplemente desconoce el significado de la palabra Compasión, que es, sentir con el otro, sentir lo que el otro, entenderlo, al ponerse por un instante en su situación. Asia, al igual que sus compañeras sentía sed y tenía derecho a beber.

La ley de blasfemia se introdujo en Pakistán durante el mandato del dictador Zia-ul-Haq, en la década de 1980, pero es frecuentemente utilizada para vengar conflictos personales en los que los más perjudicados son las minorías cristianas, hindúes o Ahmadis.

Por otra parte, la joven Asia Bibi y su familia, quienes aún padecen amenazas, permanecen (al parecer) en un lugar secreto de Pakistán, con la recomendación de abandonar el país para garantizar su seguridad y la oportunidad de desarrollar sus vidas con tranquilidad y en libertad.

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