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Opinión

A dos años de la muerte del Perú

Por: Nicolás Martínez

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Imagínese usted, este personaje novelesco e ideario: Un hombre de 35 años de edad, de imponentes 1.93 metros de estatura, gestualidad elegante, monstruosamente culto, dotado de una inteligencia y memoria privilegiada, verbo ágil y cautivante, provisto con una habilidad innata e incomparable para la oratoria, un cautivador e hipnotizador de masas, un completo animal político; además de esto, por si fuera poco, presidente electo de un país por mas del 53% de la población.

Este personaje existió, y se llamó Alan Gabriel Ludwig García Pérez, mejor conocido como Alán García, presidente electo mas joven en la historia de América Latina, que supo conducir al mas profundo fracaso económico y social al Perú, huir al exilio, regresar, volver a hipnotizar al pueblo y ser nuevamente elegido presidente décadas mas tarde, forjando para muchos, el mejor gobierno en la historia del Perú.

Hablo de este personaje en pasado pues un 17 de abril como hoy, hace dos años, este mismo, a los 69 años de edad, sujetando un revólver Colt 38 en la mano derecha y un crucifijo en la mano izquierda, se suicidó, disparándose en la sien mientras efectivos de la Fiscalía y agentes de la Policía del Perú esperaban capturarlo, dándole fin a una de las historias mas apasionantes y trágicas en la historia del Perú y de América Latina.

Nació en Lima, Perú el 23 de mayo de 1949, en el seno de una familia de clase media limeña. Fue criado por su abuela materna Celia Rojas, y por su madre Nytha Pérez, fundadora del APRA en la Provincia de Camaná, en Arequipa. Conoció a su padre el preso político Carlos García Ronceros a los 5 años de edad, cuando este salía de prisión tras pasar extensos años perseguido por la dictadura militar de Manuel Odría. Con evidente entorno familiar político, Alán García se une a las juventudes del ya mencionado partido aprista peruano, fundado por el acaso mas grande estadista en la historia de América Latina, Víctor Raúl Haya de la Torre, un intelectual con estudios en la Universidad de Oxford, amigo de Einstein y de Cesar Vallejo, desterrado y perseguido político, refugiado primero en Panamá y años mas tarde en la Embajada Colombiana de Lima.

Víctor Raúl Haya de la Torre, un visionario, supo enfocar sus instintos políticos en un joven Alan García, que ya desde entonces demostraba una capacidad comunicacional e inteligencia fuera de lo común. Fue su mentor durante muchos años y dispuso en García las banderas del APRA de cara a la Presidencia de la República, esto después de varios golpe e intentos fallidos del APRA por llegar al poder.

Fue así como en 1985, el joven y ambicioso Alan García Pérez, en el nombre del APRA y el legado del ya entonces fallecido Víctor Raúl Haya de la Torre, muerto 6 años antes en 1979; llegaba al poder con escasos 36 años como una figura napoleónica y mitológica.

Obsesionado por un lugar en la historia, Alan García se embarcaría en una serie de medidas extremas y populistas que llevarían al mas calamitoso desastre económico y social que el Perú había visto en su historia. Su gobierno fue un profundo fracaso, en 1990 dejó el poder en una ceremonia marcada por los insultos y silbidos de sus adversarios en el parlamento, la más grande humillación de su vida. El APRA había sido marcado de por vida, y Alan había defraudado a su ya fallecido mentor.

Años mas tarde, un 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori disolvió el parlamento y se aplicó un auto golpe de estado, siendo la captura de Alán García una de las primeras medidas. Emulando a su mentor, Alan García huyó a través de un salvo conducto a Colombia, donde fue refugiado político tal como lo había hecho Haya de la Torre décadas atrás. Posterior a esto viajó a Francia donde vivió por cerca de una década y entabló relación con prominentes estadistas como Françoise Mitterrand.

Meses después de Fujimori renunciar a la presidencia desde Japón en 2001, el ego colosal y hambre de gloria de Alán García lo llevaron a regresar al Perú y aspirar nuevamente a la presidencia, brindando el quizás mas imponente discurso en la historia del Perú, «Saludo emocionado después de 9 años al pueblo peruano que supo ponerse de pie» Alán García había vuelto a hipnotizar y cautivar a las masas, el APRA y Alán García no habían muerto.

A pesar de quedar segundo en las elecciones del 2001, Alán García y el APRA se consolidaban nuevamente como una de las principales fuerzas políticas en el Perú. 5 años más tarde, en el 2006, Alán García Pérez juramentaba nuevamente como Presidente del Perú, el mismo recinto en el que dos décadas atrás saldría humillado y avergonzado, esta vez entraba entre vítores y aplausos.

Su segundo gobierno fue marcado por una excelente gestión económica y reducción de la pobreza nunca antes vista en el país, además, se embarcó en uno de los proyectos de infraestructura mas ambiciosos en la historia peruana, con la construcción masiva de carreteras, hospitales y colegios, forjando así para muchos analistas y economistas, el mejor gobierno en la historia del Perú. En 2011 García dejaría el poder, esta vez no desde el parlamento si no en una ceremonia militar discreta, desafortunadamente para Alán, los problemas solo iban a comenzar.

En 2016, tras la explosión del escandalo de corrupción de Oderbrecht, Alán García se perfilaba como uno de los políticos involucrados, acusado de recibir 24 millones de dólares en sobornos.

En noviembre de 2018, mientras García vivía en Madrid, regresó al Perú para una citación fiscal de rutina. Para su sorpresa, la fiscalía solicitó su impedimento de salida del País. Alán García estaba contra las cuerdas.

Después de un fracasado intento de asilo político en la embajada de uruguaya, el 17 de abril del 2019, Alán García recibiría una orden de captura preliminar en medio de una serie de muy confusas irregularidades. A las 6:31 horas de la mañana de ese mismo día, Alán García encerrado en su habitación decidió acabar con su vida, ejerciendo quizás la mas grande de las libertadas humanas. “He visto a otros desfilar esposados, guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene porqué sufrir esas injusticias y circos” expresó en su carta de suicidio. Había preferido la muerte antes que la humillación que trae la cárcel.

A dos años de la muerte de Alán García, ninguna prueba contundente se ha encontrado sobre su culpabilidad, ninguna cuenta bancaria, ningún desbalance patrimonial, ningún testigo fehaciente. Solo el paso del tiempo le dará a Alán García su lugar correspondiente en la historia, mientras eso pasa, se conmemoran dos años de la muerte del hombre que personificó al Perú como ningún otro, de la figura mitológica y sin igual que jamás se repetirá.

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de Minuto30.com

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