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    Las ratas ‘olfatean’ los campos minados, sin arriesgarse


    Con entrenamiento, 17 roedores podrán hallar artefactos en campos minados; lo novedoso es que estas crías aprenderán directamente de sus madres y ubicarán las cargas sin amenazar sus vidas.

    Las minas antipersonales, las municiones sin explotar y los artefactos explosivos improvisados se convirtieron en un flagelo y, aún más, en un motivo de vergüenza para nuestro país, luego de que Colombia fuera “galardonada” con el primer puesto a nivel mundial en número de víctimas por estos artefactos, durante 2005 y 2006.

    Esta situación impulsó al entonces coronel de la Policía Nacional, Javier Cifuentes Morales, a enfrentar la situación desde la ciencia, a través del proyecto “Detección de explosivos mediante la utilización de roedores Rattus norvegicus, cepa Wistar”.

    Actualmente, la investigación es dirigida por la veterinaria Luisa Fernanda Méndez Pardo, de la Escuela de Posgrados de la Policía (Espol), y es asesorada por el doctor Andrés M. Pérez–Acosta, psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia.

    En sus diferentes fases, ha sido apoyada por profesionales de la UN, entre quienes se cuentan Aristóbulo Pérez, Germán Gutiérrez y Claudio de la Rosa. El grupo de investigación (Investud), clasificado en la categoría D de Colciencias, ha contado con la financiación de la Espol y del Ministerio de Defensa Nacional.

    Con ratas Wistar

    Según Méndez, la idea surgió luego de que, en corto tiempo, murieran entre 20 y 30 perros en operativos de desminado humanitario. Antes de optar por los roedores, los investigadores tuvieron en la lista a insectos, aves y serpientes. Y, aunque ya contaban con el antecedente del belga Bart Weetjens y su grupo Apopo, que logró entrenar exitosamente una especie de ratas gigantes (Cricetomys gambianus) en África, la balanza se inclinó por la cepa Wistar.

    ¿Las razones? Pérez–Acosta asegura que, además de su potente olfato –similar al de los perros–, se trata de “animales cuyo ecosistema es el mundo entero”. Las africanas, en cambio, son una especie nativa, por lo que su implantación en otros lugares podría presentar dificultades. Además, Méndez advierte que “si una rata gigante se llegara a perder o a aparear en un contexto como el nuestro, podría llegar a perjudicar el hábitat local”.

    Asimismo, que las ratas africanas adultas pesen tres veces más que las Wistar (1.500 gramos vs. 400 a 500 gramos) es un factor clave en Colombia, si se tienen en cuenta las características peculiares de las minas “hechizas” (de tecnología casera, producto de la “invención criolla”), que causan más daño que las convencionales usadas en otros países.

    Las africanas están adaptadas a territorio plano. “Los entrenadores pueden conducir a estos animales con correa (como a los perros), pero nosotros necesitamos una especie que se mueva sola”, explica Méndez. No obstante, Weetjens “ya está buscando hacerlo de forma teledirigida para evitar los arneses”, precisa el doctor Pérez–Acosta.

    Adiestran el olfato y la conducta

    La quinta generación de la cepa –proveniente del Bioterio Central de la Universidad Nacional– se prepara en el Laboratorio de Comportamiento Animal y en los prados de la Espol para la tercera, y definitiva, fase del proyecto. Los protocolos buscan que las ratas se adapten a cualquier entorno, sean sociables con diferentes animales (incluidos los predadores), pierdan el miedo a los espacios abiertos y sean tolerantes frente a los estímulos auditivos.

    Esto, obviamente, sumado al entrenamiento de discriminación olfativa que les ha permitido detectar las bases químicas más utilizadas en explosivos (TNT, ANFO, pentonita, cordón de dinamita, Indugel y pólvora negra) con un 86% de efectividad. En el interior del laberinto radial donde son entrenadas, las ratas tardan entre 10 y 12 segundos en detectar el olor de alguna de estas sustancias.

    Los miembros de Investud mantienen a las ratas en un ambiente enriquecido que les proporciona bienestar, buenas condiciones sanitarias e, incluso, un promedio de vida superior (de 3 a 4 años) a lo que reporta la literatura.

    Los ejemplares comen concentrado para perros, son capaces de recostarse a dormir plácidamente en el lomo de un gato, no sufren de estrés, no se esconden en los rincones ni huyen, siguen las órdenes de los humanos al pie de la letra (vamos, arriba, quieta, busca), “aunque sin tanto afán”, como lo describe Méndez, y responden a su nombre.

    El aprendizaje se hace de manera asociativa. Enseñarles a detectar explosivos es tal vez lo menos complicado. Se dan cuenta de que cada vez que encuentren cierto olor van a recibir un premio (los glóbulos de azúcar, que les encantan). Saben que por comerse una lombriz no hay premio y entienden que la orden “busca” es para encontrar el explosivo.

    Sorprenden

    Eso no es todo. Las ratas bebés aprenden la conducta por imitación. “La cría no recibe el entrenamiento, es la mamá. A ella se le da el refuerzo por hacer la tarea; lo sorprendente es que la cría hace lo mismo”, explica Pérez–Acosta.

    Esta conducta, que él llama vicariación (o aprendizaje vicario del condicionamiento de discriminación olfativa), así como la comunicación mediante estímulos verbales hombre–rata (seguimiento de órdenes), para efectos de su entrenamiento, son dos de los hallazgos que quieren reportar como resultados de investigación básica que ayudan a comprender mejor la especie.

    Tras la validación

    Por ahora, les interesa “lograr la efectividad del protocolo: que la rata sea capaz de detectar las minas escondidas en un campo real”, pues solo validando el proyecto pueden acercarse a las comunidades, asegura Pérez–Acosta. Por eso, el presupuesto recién aprobado incluye un viaje en octubre a Antioquia, Guajira, Amazonas, Caquetá y Nariño.

    “Necesitamos probarlas en condiciones extremas, cerca del mar, en lugares muy húmedos o llenos de predadores, para garantizar que, al igual que a los perros, las podemos usar en cualquier escenario”, concluye Méndez.

    El actual segundo lugar en territorio minado (que ha dejado 9.642 víctimas entre 1990 y enero de 2012), después de Afganistán, hace prioritario incrementar la guardia. El apoyo estatal (decidido y sin trabas) a la investigación científica tiene que ganarle a la nociva tecnología casera de construcción de explosivos. Salvar vidas puede ser cuestión de olfato, lo demás es inversión.


    Con información de unal.edu.co



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