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Opinión

Carta a mi paraíso terrenal

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Wilton Chaverra R%C3%ADos Voces y pensamientos

Hoy y al cumplirse 19 días, guardaba la esperanza de regresar a mi pueblo, desafortunadamente por causas laborales no me cogieron las medidas dentro de mi Municipio y aunque también hay aislamiento ahí, es un premio sentir el aire puro, consumir alimentos completamente sanos, ver los pájaros, las aguas transparentes y el verde de las montañas aunque sea por la ventana de mi casa, vivir el fervor en esta sema santa como solo se vive ahí.

Ver la solidaridad y amabilidad de la gente, ver el heroísmo de siempre pero ahora completamente notorio de nuestros campesinos, observar el emprendimiento de los comerciantes, la lucha y sacrificios de empleados públicos, fuerza pública, defensa civil, bomberos, maestros, las personas que hacen campañas recolectando alimentos y empresas privadas que buscan mitigar estos momentos; la creatividad de artistas, deportistas y empleados de la salud para que hagamos más llevadera esta situación.

Desafortunadamente la cita se aplaza aún más para llegar a mi terruño, todo ser humano es de algún lugar y creo que el castigo más grande es saber que así quisieras hoy no puedes ir a ese lugar, me solidarizo con todos aquellos paisanos que están en otros lugares, incluso los que están por fuera del país pasándola no de la mejor manera y lejos de casa, pero también les digo que si realmente amamos y protegemos ese pedazo de tierra y a su gente, no busco la forma de ir y poner en riesgo a todos los demás, incluso así tuviera la forma.

Si hoy mi pueblo está sano debo procurar blindarlo para que a futuro siga brillando con la luz propia que lo caracteriza. Yo podría no estar enfermo pero solo en pensar que salgo y que debo hacer un gran recorrido lo cual significa tener contacto externo en muchos lugares, es una lista que debo de hacer para reflexionar que no vale la pena, pues solo estaría pensando con egoísmo, irresponsabilidad y prepotencia, pues a veces se vuelve tan costumbre todo, que terminamos en el inconsciente pensando que eso solo le ocurre a los demás y solo volvemos a la realidad cuando uno mismo, o un familiar termina infectado o Dios no lo quiera muerto y ahí si devolvemos la película analizando si hubiera hecho esto o aquello, o aquello otro.

Esto mismo debería de suceder incluso en los lugares donde estamos, pues yo sé que estar en cuarentena no es fácil pero la pregunta es si valdrá el riesgo de salir y exponer a toda la familia y estamos tan preocupados por salir que hasta al permanecer en casa con otras personas, olvidamos literalmente compartir con ellos, hablar como hace tiempo no se hace, jugar, comer juntos, hacer una receta diferente para la cena, mover muebles y reubicar cosas, hacer deporte, emprender el proyecto de cambiar de color una pared, hacer un itinerario de estudio y de juego para los niños, hacer deporte, arreglar algo dañado etc.

A veces solo hay que hacer un alto, desaprender algunas cosas que nos hacen dependientes absurdamente. Cuántos anhelamos salir a la calle y al hacerlo vemos la realidad: calles vacías o gente asustada llena de temor como me lo cuenta mi hijo que desafortunadamente pasa cuarentena en España, donde la gente se lo tomó al principio como algo folclórico y decían que eso era una exageración, hoy vemos la necedad a donde va.

Tomémonos un segundo y pensemos…pues la vida después de todo esto no será igual y si contamos con suerte de estar en nuestros trabajos y sitios acostumbrados de toda una vida, se sentirá diferente, de pronto con un poco de más sensibilidad y de reflexión, sobre aquellas cosas que no se ven pero que están, como el amor que le colocan las personas que nos esperan en casa a cada cosa que hacen, o que el contacto físico y mental serán completamente diferentes, o que somos tan frágiles que finalmente se demuestra que no somos los dueños del mundo, donde el planeta habla y se hace sentir de alguna manera; que no vale la pena discutir tanto y coleccionar enemistades, porque nos necesitamos los unos a los otros y que la vida es tan corta que el dinero, los títulos y los estatus, no son nada porque ante la naturaleza somos iguales.

Es por eso que MI PARAÍSO TERRENAL, aunque deseo con el alma tocar tus calles y tu gente, seguiré cuidándote desde aquí desde la ciudad, extrañándote si, pero anhelando con humildad y oración que pronto pase todo esto, por ahora ME QUEDO EN CASA Y TE PIDO A VOS CON TODO RESPETO QUE TAMBIEN LO HAGAS.
Dios te bendiga.

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