La calidad del aire nos mata más que la violencia

Por: Jorge Mejía Martínez

Leímos en el portal virtual Análisis Urbano del 29 de julio de 2021 que un estudio publicado recientemente en “Nature” a partir del análisis de Daniel Bressler, de la Universidad de Columbia (EE.UU.), revela una brecha en las estimaciones actuales sobre el impacto social del carbono y sugiere que su efecto en la mortalidad podría ser más elevado de lo estimado.

El aumento de la temperatura global provocada por el cambio climático tendrá un coste social que los expertos tratan de cuantificar, al tiempo que se preguntan cuántas vidas se pueden salvar si se reducen las emisiones de carbono. Advierte que su estudio solo contabiliza la mortalidad directamente relacionada con la temperatura, por ejemplo, los fallecimientos causados por golpes de calor, mientras que deja de lado otros factores, como eventos meteorológicos extremos, guerras o enfermedades.

Sobre esa base, Bressler calculó que este siglo, en caso de que las emisiones sigan al ritmo actual, el exceso de muertes por tonelada métrica de CO2 emitida más allá de la tasa actual de emisiones: por cada 4.434 toneladas métricas de CO2 que añadimos por encima del nivel de 2020, provocamos el fallecimiento de una persona. En términos más generales, destaca el estudio, la adición de 1 millón de toneladas métricas a la base de emisiones de 2020 acabaría con la vida de 226 personas. A partir de ese punto, sostiene Bressler, se aceleraría el calentamiento y la temperatura podría ser 4,1 grados más alta en 2100, lo que podría causar un exceso de muertes de 83 millones a final de siglo.

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La Contraloría general de Medellín en su informe Estado anual de los recursos Naturales y del ambiente del Municipio de Medellín Vigencia 2020, hace referencia a que la Organización Panamericana de la Salud – OPS (2021), considera que el cambio climático es la mayor amenaza para la salud en el escenario mundial en el siglo XXI, dado que se estima que, de 2030 en adelante, ocurrirían 250.000 muertes adicionales por enfermedades sensibles al clima, tales como estrés térmico, desnutrición, dengue y malaria. Así, el 13% de las muertes en América, son atribuibles a riesgos ambientales, equivalente a 847.000 defunciones /año.

El Informe del organismo de Control trae a colación un estudio realizado por la Universidad de Antioquia (Gallego Duque LM, Cardozo Villa JD – 2019)10, donde se observó el comportamiento del desempeño de la salud ambiental en Medellín en el período 2012 -2017, y se encontró que la enfermedad isquémica del corazón, el accidente cerebrovascular, la enfermedad pulmonar obstructiva, las infecciones respiratorias y la enfermedad diarreica aguda, son atribuibles en un gran porcentaje a la mala calidad del aire y a la mala calidad del agua.

En el estudio se identificó que en los años de vida saludable perdidos (AVISA), la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica – EPOC y el asma, son las afecciones que soportan la mayor carga de enfermedad en la ciudad de Medellín, siendo sus aportes en la fracción atribuible a factores ambientales el 51% en asma y EPOC y 24% en enfermedades isquémicas del corazón.

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Veamos la mortalidad de algunas enfermedades relacionadas con la calidad de la respiración en Medellín, según la Contraloría. En 2017 fallecieron 657 personas por Infecciones respiratorias agudas, para una tasa de 26,2 por cada cien mil habitantes; en 2018 murieron 678 para una tasa de 26,8. Por Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica – EPOC, una enfermedad pulmonar progresiva y potencialmente mortal, y que predispone a padecer exacerbaciones y enfermedades graves (OMS, 2017), en 2018 fallecieron 949 personas para una tasa de 39,1 y en 2019 fueron 1023 casos y una tasa de 41,2.

La magnitud de las muertes por enfermedades relacionadas con la respiración, el aire y los pulmones en Medellín, la apreciamos mucho mejor si comparamos tales cifras con el número de homicidios ocurridos en los años similares en la ciudad: en 2017, tuvimos 586 homicidios; en 2018, fueron 634 y en 2019, un total de 592. O sea que el aire y las enfermedades ambientales producen más muertes, con tendencia al incremento, que la violencia homicida.

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