Rafael Anaya o «Toto», como le decían de cariño, fue inquieto desde niño. Tenía trece años más que yo y mientras todavía cursaba mis años de colegio él estudiaba derecho en la Javeriana de Bogotá. Por pertenecer a una de esas familias grandes y unidas por generaciones sé que era mi primo aunque no lo recuerdo bien. Todos lo conocían como alguien alegre, inteligente y espontáneo. Sus amigos gozaban cada que iba de vacaciones a Barranquilla; era la adoración de Ruby, su mamá.
A los 26 años se había acercado a Dios mucho antes que los demás de su generación, profesaba una devoción inculcada por su padre hacia San José María Escriva de Balaguer y se encontraba a punto de graduarse como abogado. Toto ya experimentaba la responsabilidad de su primer trabajo cuando el destino lo puso el 7 de Febrero de 2003 en el tercer piso de
2021-05-04
Al momento de la captura, las autoridades recuperaron varias piezas de vehículos que transportaba en…
El crimen ocurrió tras una incursión armada en una finca ubicada en zona rural del…
La iniciativa plantea un modelo integral que articula prevención, justicia y salud pública para fortalecer…
La operación se realizó en tres regiones del país en coordinación entre autoridades colombianas e…
El caso sigue generando atención por las decisiones adoptadas en el proceso y la incertidumbre…
El hallazgo completa el trágico desenlace de la incursión armada en zona rural de Remedios,…