20 de julio, celebración del vandalismo

Este 20 de julio conmemoramos que en 1810 un grupo de criollos inconformes con el virreinato lanzó el grito de querer independizarse después de más de 300 años de dominio colonial. La historia relata el papel de un florero de un español de apellido Llorente quien negó su préstamo a Luis de Rubio para adornar una mesa en medio del tradicional mercado del día viernes, como generalmente ocurría. La negativa degeneró en pedreas, vidrios rotos y forzada de puertas por parte de indígenas, negros y criollos, dando cuenta del primer gran acto de vandalismo que se recuerda. Eso es lo que celebramos este 20 de julio: un hecho similar, de inconformidad social, a los que, por estos días y años, luego de más de dos centurias, reportan a diario los medios de comunicación.

Décadas atrás a 1810, en los libros de historia es posible encontrar referencias de “estallidos sociales” teniendo como blanco el virreinato y sus acciones carentes de solidaridad con los sectores más desprotegidos, siendo la rebelión de los comuneros un hito de rebeldía contra la institucionalidad vigente. Wikipedia lo relata de la siguiente manera: aunque ya en 1752 y entre 1764 y 1767 habían estallado motines contra el monopolio del aguardiente fueron las medidas tomadas a fines de la década de 1770 las que provocaron que el nuevo levantamiento tomara una magnitud sin precedentes.

En 1779 unas fuerzas de 1500 indígenas se rebelaron, pero resultaron dispersados. En los últimos meses de 1780 hubo motines contra los guardas de la renta del tabaco en Simacota, Mogotes y Charalá, pero la cabeza del movimiento fue la ciudad del Socorro, en donde el 16 de marzo de 1781 Manuela Beltrán rompió el edicto referente a las nuevas contribuciones a los gritos de “viva el Rey y muera el mal gobierno. No queremos pagar la armada de Barlovento”. Los Comuneros reunidos en El Socorro recibieron el Manifiesto Comunero que llegó de Simacota, escrito por Fray Ciriaco de Archila, dominico que vivía en su convento de Santa Fe de Bogotá.

En sus comienzos los protagonistas visibles eran los pobres, tanto mujeres como hombres. Las revueltas comenzaron luego a ser dirigidas por personas un poco mejor ubicadas social y económicamente (comerciantes, carniceros, pequeños agricultores) y la rebelión tomó forma. La presión logró que algunos hombres de prestigio se comprometieran en ella. Ellos agregaron al pliego de demandas la devolución de tierras tomadas a las comunidades amerindias. Como general de los insurrectos fue elegido el terrateniente Juan Francisco Berbeo, regidor local, en asocio de Salvador Plata, Antonio Monsalve, y Francisco Rosillo, quienes constituyeron la junta llamada “El Común” de donde les vino el nombre de “Comuneros”.

Se reunieron en el Socorro cerca de 4.000 hombres que marcharon en dirección a Santafé (hoy Bogotá). En el camino se agregaron voluntarios de otras poblaciones hasta completar un cuerpo de 18.000 o 20.000 hombres y en el Puente Real (hoy Puente Nacional), cerca de Vélez, se encontraron con la pequeña tropa enviada desde Santafé a órdenes de José Osorio y del capitán Joaquín de la Barrera, quienes no pudieron interrumpir el avance de los comuneros y, mientras el regente Gutiérrez de Piñeres salía en precipitada marcha hacia Cartagena de Indias para buscar la protección del Virrey Flórez, el gobierno acordó impedir la llegada comunera a Santafé y designó como legatarios negociadores al oidor Vasco y Vargas y al alcalde don Eustaquio Galavís. El arzobispo (y después virrey) Antonio Caballero y Góngora ayudó en las negociaciones con su presencia y sus discursos a la muchedumbre.

Un poco larga la cita, pero aleccionadora. Sabemos lo que ocurrió después: el virreinato y la iglesia detuvieron la marcha comunera en Zipaquirá, propiciaron unas capitulaciones o acuerdos, que fueron incumplidos inmediatamente se desmovilizaron los marchantes y sus líderes cruelmente perseguidos a nombre de la corona y el orden. Los cuerpos de los dirigentes asesinados por el régimen fueron expuestos en los cuatro puntos cardinales, pero la marcha no paró. Nació la república en 1821 en el congreso de Cúcuta, pero las causas de las inconformidades populares desde la época de la colonia, como la pobreza y la inequidad, y los comportamientos erráticos y mezquinos de las elites dirigentes, aún siguen vigentes. Es lo que estamos viendo.

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